«Cuando llegues al Mictlán háblales de mí. Diles que siempre te amé y que fuimos amigos inseparables. Diles que para mí no solo eras un perro, sino también mi eterno compañero».
Con esta conmovedora promesa, extraída de la obra Crónicas del Mictlán del escritor Jorge Daniel Abrego Valdés, cada 27 de octubre los hogares mexicanos encienden sus primeras velas para abrir un puente de luz entre el mundo de los vivos y el inframundo, marcando el emotivo regreso de las almas de las mascotas que se adelantaron en el camino. Esta tradición contemporánea se entrelaza de forma profunda con las raíces prehispánicas y la figura del xoloitzcuintle, el perro sagrado creado por el dios Xólotl.
En la cosmovisión mexica, este fiel compañero era el guardián indispensable para cruzar el caudaloso río espiritual; hoy, su misión se transforma para guiar a nuestros animales de vuelta a casa, asegurando que encuentren el camino hacia el altar donde el amor incondicional de sus familias humanas los espera intacto.
El Xoloitzcuintle y su misión en el Mictlán
En la cosmovisión mexica, el viaje hacia el Mictlán (el lugar de los muertos) duraba cuatro años y constaba de nueve dimensiones sumamente complejas que el alma debía superar para alcanzar el descanso eterno.
• El primer obstáculo: Al iniciar el trayecto, las almas se topaban con el Apanohuacalhuia, un río caudaloso e imposible de cruzar por cuenta propia.
• El perro sagrado: Creado por el dios Xólotl (deidad de la transformación, los gemelos y lo desconocido), el xoloitzcuintle habitaba en las orillas de este río con la única misión de identificar a su antiguo dueño, nadar hacia él y cargarlo sobre su lomo para cruzar a salvo.
• El lazo de reciprocidad: La leyenda advierte que si una persona había sido cruel con los animales en vida, ningún perro la ayudaría, quedando varada eternamente. Por el contrario, un trato amoroso garantizaba un compañero fiel para la eternidad.
El 27 de octubre, el puente de regreso a casa
Mientras que en el mito antiguo el perro ayudaba al humano a ir al Mictlán, la tradición popular actual del Día de Muertos para Mascotas invierte el camino por una noche.
Hoy, las almas de nuestros compañeros rompen la distancia del inframundo para visitarnos. En este contexto, el xoloitzcuintle se convierte en el guardián que abre el portal y cuida el sendero de ida y vuelta, permitiendo que perros, gatos y otras mascotas encuentren el camino de regreso a sus antiguas casas. Guiados por el olor del cempasúchil, el destello de las veladoras y el sabor de sus croquetas o premios favoritos en la ofrenda, los animales regresan a ocupar el espacio que dejaron.
Promesa de un vínculo eterno
Colocar un altar esta noche es la manifestación física de una promesa latente en la memoria colectiva mexicana: «Cuando llegues al Mictlán, háblales de mí». Es la certeza de que el amor incondicional no conoce fronteras biológicas ni espirituales. Al recibirlos cada 27 de octubre, recordamos que para nosotros no solo eran animales de compañía, sino guardianes del alma y eternos compañeros que, incluso desde el inframundo, siguen encontrando el camino para volver a nuestro lado.

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