Vivimos en una sociedad obsesionada con el rendimiento, la productividad y el logro constante; alcanzar una meta importante suele concebirse como la cúspide de la felicidad y la realización personal. Sin embargo, detrás de querer alcanzar el reconocimiento externo por las metas logradas, muchas personas describen una experiencia inesperada: un vacío o desánimo después del logro, al que aquí llamamos el «duelo silencioso del éxito».
La llegada a la meta deseada no siempre genera la plenitud prometida; en algunas personas aparecen desorientación, apatía o un vacío emocional.
A nivel psicológico, esta experiencia se ha relacionado con la llamada falacia de la llegada (arrival fallacy), término popularizado por el psicólogo Tal Ben-Shahar para describir la creencia, muchas veces no consciente, de que al cumplir una meta se resolverán las inseguridades, vacíos o carencias emocionales. Cuando la meta se alcanza y la euforia inicial desaparece, surge el contraste entre la expectativa, la idealización y la cotidianidad real.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima, con base en datos del estudio Global Burden of Disease, que aproximadamente 322 millones de personas en el mundo tienen depresión. No todo vacío después de un logro es depresión, pero cuando el desánimo se prolonga o afecta la vida diaria, es importante buscar atención profesional.
Para comprender mejor sobre cómo opera la mente humana en estos escenarios, la especialista en Reingeniería Humana e instructora certificada en Método Yuen Rocío Santibáñez explica que, desde su experiencia, la mente puede interpretar el éxito no como una recompensa, sino como una amenaza a la seguridad aprendida.
«Muchas personas creen que fallar es el único miedo, pero el miedo al éxito también puede paralizar. Si alguien aprendió que ‘destacar es peligroso’ o que ‘no merece’ lo que logra, alcanzar una meta puede sentirse como una amenaza en lugar de un premio. Ahí pueden aparecer el desánimo o el autosabotaje, que de alguna forma nos regresan a la zona conocida», señala Santibáñez.
Desde el enfoque de la Reingeniería Humana, el autosabotaje después del éxito no se entiende como falta de voluntad, sino como un patrón aprendido que se activa de forma automática.
«El autosabotaje que aparece después del éxito es la forma en que la mente busca restaurar el equilibrio con viejos patrones de identidad. En mi trabajo con Método Yuen busco que la persona identifique esa información, para que pueda sostener la visibilidad y el bienestar sin culpa. Y si lo que aparece es una depresión, el acompañamiento psicológico o médico es indispensable», añade la experta.
Hablar abiertamente del malestar que puede aparecer después del éxito ayuda a normalizar la conversación sobre salud mental en entornos sociales, corporativos y creativos. Cuando la búsqueda de objetivos no va acompañada de atención a lo que cada persona necesita, un logro puede vivirse más como una carga que como una satisfacción.
Aprender a integrar las metas alcanzadas sin separarlas del autocuidado permite que el éxito deje de vivirse como una pérdida silenciosa y se transforme en un proceso más sostenible.
Rocío Santibáñez
Estratega en Reingeniería Humana e instructora certificada en Método Yuen, Rocío Santibáñez es facilitadora y creadora de contenido de habla hispana en temas de transformación de identidad, autoconocimiento y bienestar energético.
Con presencia en más de 40 países y más de 13 mil alumnos directos, ha desarrollado un enfoque que integra Método Yuen, percepción, lenguaje y herramientas de autoconocimiento para ayudar a las personas a romper patrones de autosabotaje y construir una vida con mayor claridad, coherencia y dirección personal.
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