Hoy a las 11 horas la primera mujer, Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, rindió su Segundo Informe de Gobierno 2026, se trata de la rendición de cuentas de su gobierno, esos logros que se respaldan en estadísticas y altos porcentajes, pero distan de la realidad social.
Sin embargo, mantiene altos niveles de aprobación, el diario Milenio.com reporta un 71.8% al cierre de agosto. Los programas de Bienestar son la bandera de su gobierno. Más allá de las becas, de las pensiones y las cifras, Claudia Sheinbaum ha integrado a su discurso un hecho que es histórico en la historia de nuestro país: la llegada de las mujeres a las esferas del poder.
Aquí no vamos a hablar de sus políticas, ni de porcentajes, vamos a hablar de empoderamiento femenino, que no es lo mismo que feminismo.
Con un doctorado en Ingeniería de Energía, Claudia Sheinbaum es la primera mujer presidenta de nuestro país y para ello tuvieron que pasar 200 años de mandatos presidenciales (el primer presidente de México fue Guadalupe Victoria, quién tomó posesión del cargo el 10 de octubre de 1824), en un país dónde las mujeres somos mayoría (52 %) y que se proclama libre y democrático, fue un arribo tardío.
Claudia, la mujer, vino a romper con el estereotipo de que eso es sólo para hombres, atrás quedaron las primeras damas, ese papel que se daba a las esposas de los presidentes en turno y a quienes se delegaba la dirección del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), es decir se le dejaba a la mujer los asuntos de familia. Su esposo, el primer caballero y de profesión físico, Jesús María Tarriba, ha mantenido un perfil discreto y de acompañante ocasional en eventos oficiales, dejando a Claudia Sheinbaum todo el protagonismo.
Es una realidad que las nuevas generaciones, crecerán con la idea de que pueden ser lo que quieran, ya no hay carreras aptas para hombres y mujeres, hay aptitudes y hay oportunidades.
Como ella declaró en su discurso de toma de posesión: “es tiempo de mujeres”, “no llego sola, llegamos todas” y se dispuso a nombrar a otras mujeres que tuvieron un papel importante en la lucha por la Independencia y la democracia de nuestro país y que habían quedado relegadas del ojo público, como Adela Velarde que comandó a las «Adelitas en la Revolución”, a Dolores Jiménez Muro, de Elvia Carrillo Puerto, sufragistas o Enriqueta González Baz, primera matemática.
Su primer año de gobierno fue declarado oficialmente como: «2025, Año de la Mujer Indígena», cuando en una conferencia mañanera una reportera le preguntó por qué, su respuesta fue tajante:
¿Por qué no?
Y con eso apuntaba la urgencia del reconocimiento y visibilidad del legado femenino e indígena.
Si bien el contexto internacional y las nuevas tecnologías han transformado el aprendizaje y han traído el conocimiento de otras realidades, el papel de las mujeres en la sociedad se ha transformado, y no porque antes no se hiciera, si no porque el trabajo del hogar y de las mujeres no era reconocido.
Claudia misma ha sido hija, esposa, madre, docente, científica, abuela y a sus 62 años, no eligió el retiro, ni lo que implica la tercera edad, eligió ser la primera mujer presidente de México y la primera comandante de las Fuerzas Armadas.
Y con su lucha y largo camino, representa a todas las mexicanas que luchan día a día; trabajadoras y madres, abuelas y cuidadoras. Ahora son pilotos, ingenieras, escoltas, alcaldesas; jóvenes estudiantes que sueñan con destacar y representar a México o ser astronautas, la elección es individual.
Con Claudia también llegaron otras mujeres a cargos públicos: la periodista potosina y segunda al mando del Gobierno de México, Rosa Icela Rodríguez, continuidad en la Secretaría de Gobernación y, 10 mujeres más le acompañan, con un apego a la paridad: son 11 mujeres y 11 hombres los que conforman el gabinete presidencial.
“Hoy sabemos que las mujeres participaron en las grandes hazañas de la historia de México desde diferentes trincheras y también sabemos, que las mujeres podemos ser presidentas y con ello hago una respetuosa invitación a que nombremos presidenta con “A” al final, al igual que abogada, científica, soldada, bombera, doctora, maestra, ingeniera, con “A”, porque nos han enseñado, que sólo lo que se nombra, existe”
Declaró aquel 1 de octubre de 2024, en el Zócalo de la Ciudad de México, ataviada en un vestido blanco con bordados de colores elaborado por artesanas mexicanas.
Y entonces esa idea de que detrás de cada gran hombre hay una mujer, quedó en el pasado. Hoy, hay grandes mujeres al lado de la primera presidentA, más allá de las realidades y los asuntos políticos, es un discurso poderoso y un legado para las nuevas generaciones.
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