En 1961, Alejandra Jáidar Matalobos hizo historia al convertirse en la primera mujer en obtener el título de Física en México por la Universidad Nacional Autónoma de México. Su logro no solo rompió un techo de cristal en una época donde la ciencia era un terreno exclusivamente masculino y ante una fuerte oposición familiar, sino que sentó las bases de la infraestructura experimental y la divulgación científica moderna en el país.

A 65 años de aquel hito, la semilla que sembró se ha multiplicado en las aulas y laboratorios de todo el país.

De la excepción a las aulas compartidas

El panorama de las ciencias exactas se ha transformado radicalmente desde los días de Jáidar. Mientras que en 1961 las mujeres representaban el 0% de los precedentes en la carrera de física y eran una absoluta excepción, hoy las aulas cuentan una historia de inclusión creciente reportada por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI):

En la matrícula universitaria, en áreas generales de Ciencias Naturales y Exactas, la participación femenina ha alcanzado un histórico 54% de la matrícula total. En las Ciencias Físico-Matemáticas y Matemáticas puras, las mujeres ya ocupan alrededor del 30% al 35% de los espacios escolares y posgrados.

En la investigación profesional este avance en las aulas se consolida en la ciencia de frontera. Dentro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), la presencia de científicas con doctorado creció aceleradamente, alcanzando un récord de 18,445 investigadoras en activo, lo que equivale a casi el 42% de toda la comunidad científica de México.

El impacto histórico de una pionera

Para comprender cómo se llegó a estos números, es necesario destacar que Jáidar no solo estudió, sino que transformó la ciencia mexicana desde sus cimientos a través de tres pilares fundamentales:

• Pionera de la infraestructura nuclear: Durante su gestión en el Instituto de Física, gestionó la donación y el financiamiento para construir el edificio del Acelerador de partículas Van de Graaff de 5.5 MV, el cual se convirtió en uno de los pilares de la física nuclear en América Latina.

• Activismo institucional de género: Al concluir sus estudios, Jáidar libró una batalla burocrática emblemática en la UNAM al exigir firmemente que su título profesional se emitiera textualmente en género femenino («Física») y no con el término genérico masculino («Físico»), abriendo el camino para todas las que vinieron detrás.

• Arquitecta de la divulgación en español: Convencida de que la ciencia era un derecho de la sociedad, cofundó la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Tecnología (Somedicyt) y concibió la célebre colección de libros «La Ciencia desde México» (hoy «La Ciencia para Todos» del FCE), coordinando personalmente los primeros 64 tomos.

El Metro de la CDMX, la ciencia al alcance del pasajero común

Como parte de su inagotable esfuerzo por sacar el conocimiento de los laboratorios y llevarlo a la vida cotidiana de las personas, Alejandra Jáidar desempeñó un rol crucial en un proyecto urbano icónico: el Túnel de la Ciencia. A través de la Somedicyt, impulsó la creación de este espacio de divulgación científica masiva ubicado en la estación del Metro La Raza de la Ciudad de México, considerado el primer museo científico subterráneo del mundo. Con esta iniciativa, Jáidar demostró su genio estratégico al convertir el transbordo diario de millones de usuarios en un pasaje de aprendizaje interactivo y asombro visual, sembrando la curiosidad científica en el corazón mismo del transporte público capitalino.

Tres pilares de la física contemporánea que honran su memoria

Aunque Alejandra falleció prematuramente en 1988, el impacto integral de su obra —caracterizado por la excelencia, la gestión y la apropiación social del conocimiento— encuentra un eco directo en el trabajo de tres destacadas científicas universitarias que han expandido su visión:

• Dra. Ana María Cetto (Mecánica Cuántica y Liderazgo Global): Así como Jáidar fue la primera licenciada, la Dra. Cetto se cualificó como la primera mujer en obtener un doctorado en física en México. Su trabajo científico en los fundamentos de la mecánica cuántica se complementa con una trayectoria de alta gestión internacional en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y las Conferencias Pugwash, participando directamente en la recepción de dos Premios Nobel de la Paz. Hoy en día, lidera las iniciativas de Ciencia Abierta de la UNESCO.

• Dra. Julieta Fierro Gossman (Divulgación y Apropiación Social de la Ciencia): La heredera indiscutible de la visión de democratización científica de Jáidar es la Dra. Julieta Fierro. Reconocida mundialmente con el Premio Kalinga de la UNESCO, ha dedicado su vida a hacer de la astronomía y la física materias accesibles, lúdicas y fascinantes para millones de personas a través de decenas de libros y programas masivos, manteniendo viva la meta de sembrar vocaciones en las infancias.

• Dra. Antígona Segura Peralta (Astrobiología y Activismo por la Equidad): La defensa de los espacios para las mujeres en la academia que inició Jáidar al reclamar el nombre de su profesión, la encarna actualmente la Dra. Antígona Segura. Además de ser una científica de frontera —colaboradora externa de la NASA en el estudio de habitabilidad planetaria—, es una de las voces activistas más firmes dentro de la UNAM para erradicar la violencia de género y promover la inclusión de las niñas en las áreas STEM.

A más de seis décadas del egreso de la primera física mexicana, el legado de Alejandra Jáidar Matalobos no pertenece al pasado; se mantiene plenamente activo y en constante expansión gracias a científicas que, desde sus laboratorios, cubículos y tribunas públicas, continúan demostrando que la ciencia en México tiene rostro de mujer.