El cuento de la criada (título original en inglés: The Handmaid’ Tale) es una obra cumbre de la ciencia ficción distópica y el feminismo. Originalmente concebida como una novela escrita por c en 1985, la historia alcanzó un fenómeno de masas global gracias a su aclamada adaptación televisiva protagonizada por Elisabeth Moss en 2017.
Los mensajes políticos de El cuento de la criada, la célebre novela de Margaret Atwood (y su adaptación televisiva de Hulu), funcionan como una advertencia directa contra el totalitarismo, el extremismo religioso y la pérdida de la autonomía corporal de las mujeres.
La autora ha enfatizado repetidamente que ninguna de las atrocidades que ocurren en la ficticia República de Gilead es inventada; todas se basan en hechos reales ocurridos en la historia de la humanidad, como la Rumania de Ceaușescu o el puritanismo norteamericano.
El mensaje más contundente de esta historia
Es la denuncia de cómo los sistemas autoritarios buscan controlar la fertilidad femenina. Las mujeres en Gilead pierden su identidad legal, su dinero, su capacidad de leer y su derecho a decidir sobre su propio cuerpo, quedando reducidas a meros contenedores o «incubadoras con piernas».
Debido a esto, la iconografía de las criadas (las túnicas rojas y las cofias blancas) se ha convertido a nivel mundial en un potente símbolo de protesta política real en manifestaciones a favor de los derechos reproductivos y del acceso al aborto legal.
Creer que «No puede pasar aquí»
Es la incertidumbre que mantiene a la espectativa, ya que ahí se aborda la fragilidad de la democracia, a través de la pérdida gradual de derechos: Atwood retrata detalladamente cómo la democracia estadounidense colapsó de la noche a la mañana, pero a través de pequeños pasos históricos.
El mensaje advierte que los derechos democráticos no están garantizados para siempre y que la complacencia ciudadana permite el avance del fascismo.
Ahora bien, la sociedad de la novela acepta la suspensión inicial de los derechos constitucionales debido al pánico generado por ataques terroristas (orquestados secretamente por el propio grupo extremista). El miedo justifica la militarización y la censura.
Un aspecto espeluznante, por si lo anterior aún no fuera lo suficientemente aterrador, es la complicidad y división entre mujeres (el eje de clase). En este libro, a través de los personajes de las Tías y las Esposas examina de forma crítica que la opresión patriarcal no solo es ejercida por hombres. El sistema utiliza a mujeres con privilegios (como las Esposas) o con ansias de poder (como las Tías) para adoctrinar, vigilar y subyugar a otras mujeres de clases más bajas.
El significado de los nombres de las Tías en la serie son Tía L’Oréal, Tía Estée o Tía Gabbana, lo cual no es casualidad.
Según los libros de Margaret Atwood, las Tías recibieron nombres de marcas conocidas de maquillaje, moda y productos cotidianos para que el cambio al régimen de Galaad se sintiera más “familiar” y menos aterrador para las mujeres. Ya que es lo más efectivo para controlar a alguien, cuando ésto viene disfrazado de algo familiar, cotidiano o hasta “seguro”.
Gracias a la vigilancia mutua, el totalitarismo sobrevive porque destruye los lazos de confianza ciudadana, obligando a las criadas a espiarse mutuamente para sobrevivir.
Por último, la justificación científica e institucional detrás de Gilead es una crisis ecológica global (contaminación, radiación y pesticidas) que causó un desplome de la natalidad. El mensaje alerta sobre cómo los gobiernos totalitarios utilizan las crisis ambientales reales para implementar medidas extremas de control poblacional (biopolítica).
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