Por Jiangsu Wongpec

Hay reuniones a las que uno entra mucho antes de cruzar la puerta. Puede ser una negociación importante, una presentación, una junta en la que sabemos que habrá tensión o una conversación que llevamos varios días evitando. Mientras caminamos hacia la sala ya estamos imaginando respuestas, repasando argumentos y anticipando lo que la otra persona puede decir. Cuando finalmente nos sentamos frente a ella pareciera que apenas comienza la conversación, pero para nosotros lleva varios minutos —a veces horas— ocurriendo.

En los espacios profesionales solemos prepararnos mucho para lo que vamos a decir. Revisamos números, hacemos presentaciones, pensamos escenarios y organizamos nuestros argumentos. Todo eso es necesario, pero hay algo que rara vez incluimos en esa preparación: observar desde qué estado estamos llegando. Podemos tener exactamente la misma información y, sin embargo, conversar de una manera completamente distinta dependiendo de si llegamos tranquilos, agotados, molestos, acelerados o pensando todavía en lo que sucedió en la reunión anterior.

El cuerpo participa en todas esas situaciones aunque intentemos dejarlo fuera. La mandíbula apretada, los hombros tensos, una respiración más corta o esa sensación de querer responder antes de que la otra persona termine de hablar son información. No significa que tengamos que analizar cada sensación ni convertir una junta de trabajo en una sesión de introspección. Simplemente podemos aprender a reconocer nuestro estado antes de reaccionar desde él.

Una de las preguntas más sencillas que podemos hacernos antes de una conversación importante es: ¿cómo estoy llegando? No cómo quisiera estar ni cómo creo que debería sentirme. ¿Cómo estoy realmente? A veces la respuesta será que estamos cansados. O molestos. O preocupados. El hecho de reconocerlo no resuelve el problema que vamos a tratar, pero puede evitar que confundamos el estado en el que venimos con la situación que tenemos enfrente.

Durante años he trabajado con prácticas de meditación y respiración, y una cosa que me parece curiosa es que con frecuencia recurrimos a estas herramientas cuando ya estamos completamente rebasados. Queremos recuperar la calma después de acumular días de tensión, cuando también podríamos utilizarlas en momentos muchísimo más pequeños. Dos minutos antes de entrar a una reunión pueden servir simplemente para dejar de correr detrás del pensamiento anterior y llegar un poco más presentes al siguiente.

No hace falta sentarse en posición de meditación ni cerrar los ojos frente a toda la oficina. Puede ser tan discreto como alejarse un momento de la pantalla, sentir los pies apoyados en el piso, aflojar los hombros y prestar atención a la respiración durante unos cuantos ciclos. El objetivo no es alcanzar un estado perfecto. De hecho, perseguir desesperadamente la tranquilidad puede convertirse en otra presión. Se trata más bien de reconocer lo que está ocurriendo y crear un pequeño espacio antes de responder.

Eso es parte de lo que busco con M·T·M: que herramientas como la meditación, la respiración, el sonido o el movimiento no vivan solamente dentro de una sesión, sino que puedan utilizarse cuando la vida realmente está sucediendo. Antes de una llamada. En medio de un día complicado. Después del tráfico. Previo a una conversación personal. O en esos instantes en los que sabemos que responder inmediatamente probablemente no sea nuestra mejor decisión.

Hay otra cosa que cambia cuando dejamos de llegar completamente arrastrados por el momento anterior: nuestra capacidad de escuchar. Todos hemos estado alguna vez en una conversación en la que, mientras la otra persona habla, nosotros ya estamos construyendo la respuesta. Técnicamente escuchamos las palabras, pero nuestra atención está en otra parte. Hacer una pequeña pausa antes de entrar puede ayudarnos a escuchar para comprender antes de escuchar únicamente para contestar.

Nada de esto significa volvernos pasivos ni evitar las conversaciones difíciles. Al contrario. A veces estar presentes implica poner un límite, sostener una posición o decir algo incómodo. La diferencia está en poder elegir la respuesta en lugar de actuar solamente desde la inercia con la que llegamos.

En el mundo profesional se habla muchísimo de preparación, estrategia y capacidad de respuesta. Quizá valdría la pena incluir una habilidad mucho más sencilla: saber reconocer cómo estamos antes de tomar asiento. Porque antes de que hable nuestra presentación, nuestro cargo, nuestra experiencia o nuestros argumentos, nosotros ya llegamos a la mesa. Y nuestro cuerpo también.


Jiangsu Wongpec es músico, empresario y creador del Método M·T·M (Medita, Transmuta, Manifiesta). Inició su práctica de Meditación Trascendental en 1997 y desde entonces ha explorado distintas técnicas de meditación, respiración consciente, sonido, movimiento y regulación del sistema nervioso. A partir de esa experiencia desarrolló M·T·M como un método progresivo y práctico para integrar estas herramientas a la vida cotidiana.