abril de 2026 .- En México, más de 300 niños y niñas viven en prisión. La Cana, organización con más de diez años de experiencia en México dedicada a trabajar con mujeres privadas de la libertad, enfatiza que la infancia debería ser un tiempo para explorar, aprender y crecer. Sin embargo, algunos niños dan sus primeros pasos entre muros, sin acceso suficiente a educación, juego o estímulos para crecer y desarrollarse.  

De acuerdo con la legislación mexicana, las mujeres privadas de la libertad con hijas o hijos tienen derecho a convivir con su hija o hijo en el Centro Penitenciario hasta que cumpla los tres años de edad, y a recibir educación inicial y tener acceso a participar en actividades recreativas y lúdicas, según establece la Ley de Ejecución Penal. No obstante, este marco es señalado por distintas organizaciones como violatorio a parámetros internacionales por el derecho de niñas y niños de convivir con sus madres. 

Los datos disponibles sobre las infancias en centros penitenciarios mexicanos revelan que:

  • El 79.2% de las y los niños en prisión no tienen acceso a medicamentos cuando los necesitan.
  • Sólo el 21% recibe una alimentación adecuada
  • A nivel nacional solo existen 11 áreas de maternidad en centros penitenciarios. 
  • Únicamente el 21% tiene acceso a juguetes. 66.7% El resto depende de donaciones de familiares u organizaciones externas. 

¿Qué implica crecer en un lugar pensado para castigar? 

Durante los primeros años de vida, un bebé aprende del mundo a través de la cercanía con su madre. No obstante, las prisiones no están diseñadas para acompañar ese desarrollo ni ofrecen las condiciones que un bebé y su madre necesitan. 

Aunque en el artículo 4 de la Constitución Mexicana se establece que “los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral» las infancias en estos espacios cuentan con pocos estímulos, poca variedad de colores, sonidos, objetos o espacios para explorar.

Frente a este panorama, el trabajo de La Cana y de otras iniciativas resulta fundamental: que las niñas y niños que nacen o crecen en prisión puedan hacerlo con atención médica, alimentación adecuada y los estímulos necesarios en sus primeros años de vida. 

Desde la organización, el programa de Maternidad e Infancias en Prisión de La Cana busca transformar los centros penitenciarios en espacios que garanticen derechos, reconociendo que acompañar la maternidad y el desarrollo de niñas y niños en reclusión es un acto de justicia social y derechos humanos, no de asistencialismo.

Este programa se enfoca en:

Atención integral a la infancia: mediante servicios de salud, monitoreo nutricional, entrega de insumos básicos y actividades de desarrollo infantil. 

Fortalecimiento institucional y sensibilización: mediante diagnósticos y seguimiento de condiciones penitenciarias, capacitación al personal en derechos de la niñez y perspectiva de género, y coordinación con instancias públicas y sociedad civil para el diseño de protocolos de atención. 

Las infancias que crecen en prisión merecen atención, cuidado y protección, y La Cana ofrece distintas maneras de sumarse al cambio. Desde la convicción de que el juego es un derecho y un punto de partida, la organización lanzó la colección: ¿Qué querías ser grande? , una colección que reúne las profesiones que suelen poblar los sueños de la infancia: aquellas que imaginamos cuando, por primera vez, pensamos en el futuro.

Con tu ayuda, un mejor futuro y condiciones de vida de esta población son posibles. 

LA CANA

Es un grupo de mujeres preocupadas por la falta de políticas eficaces para lograr la reinserción en la sociedad de las personas privadas de la libertad en nuestro país; y por las condiciones en las que viven dentro de los centros penitenciarios. Trabajan para transformar las cárceles del país en lugares de oportunidad.