Frente a una crisis ambiental que cada año se intensifica en el Caribe mexicano, la respuesta científica también está siendo liderada por mujeres. La investigadora Norma Patricia Muñoz Sevilla, del Instituto Politécnico Nacional, encabeza la implementación de una red de monitoreo de sargazo que busca anticipar riesgos y proteger la salud de comunidades costeras en Quintana Roo.

La estrategia contempla un sistema de alerta temprana capaz de medir gases tóxicos como amoniaco y ácido sulfhídrico, liberados por la descomposición del sargazo. Con la reciente instalación de una cuarta estación en Playa del Carmen —que se suma a Cancún, Akumal y Mahahual—, el proyecto avanza como una respuesta concreta desde la ciencia aplicada.

En un contexto donde las brechas de género persisten en áreas científicas, el liderazgo de Muñoz Sevilla, del Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios Sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CIIEMAD), refleja un cambio en curso: más mujeres no solo participan en la investigación, sino que dirigen proyectos estratégicos que inciden en políticas públicas y protección social.

Su trabajo no solo aporta datos, también construye herramientas para la toma de decisiones en escenarios de crisis ambiental.

Impacto en comunidades y desigualdades

El equipo del IPN ha documentado efectos directos en habitantes y trabajadores de zonas costeras, con reportes de dolores de cabeza, mareos y desvanecimientos por la exposición a gases. Las afectaciones no son homogéneas: impactan con mayor fuerza a niñas y niños, personas adultas mayores y quienes viven o trabajan en condiciones de exposición constante, donde muchas veces también participan mujeres en labores turísticas y de limpieza.

Un fenómeno que crece

El monitoreo se vuelve urgente ante el comportamiento atípico del sargazo en 2026, que comenzó a llegar desde enero —cuando usualmente ocurre en marzo—. Se prevé incluso superar las 37 millones de toneladas registradas en 2025, en un escenario vinculado al cambio climático y a la alteración de los ecosistemas marinos.

Riesgos invisibles

Además, la investigadora ha alertado sobre un punto crítico: el sargazo puede contener altos niveles de arsénico. Si supera las 40 partes por millón, su uso en productos o fertilizantes representa un riesgo para la salud humana y animal, lo que obliga a replantear soluciones desde un enfoque responsable y sostenible, como la generación de biogás.

El proyecto se apoya en estudios iniciados en 2022 y en un levantamiento de 2023 en 12 puntos de Quintana Roo que definió la ubicación de las estaciones. Además, retoma la experiencia de monitoreo aplicada en Martinica por el laboratorio Madininair, con reportes diarios sobre condiciones en playas.