Esta frase de la escritora y periodista italiana Oriana Fallaci defiende que el enfado no siempre nace de la maldad, sino de la necesidad de protegernos.
Ira sin malicia
La rabia suele asociarse con el deseo de hacer daño a otros (malicia), sin embargo Fallaci rompe este estereotipo, al referir que existe un enojo legítimo que no busca herir.
Es una reacción natural ante una injusticia o una invasión de nuestros límites.
El rugido de la fragilidad
El «rugido» simboliza una reacción fuerte, ruidosa y defensiva. La «fragilidad» representa nuestra parte más vulnerable, sensible o herida.
Cuando nos sentimos débiles, asustados o desprotegidos, usamos la ira como un escudo. Rugimos para ahuyentar la amenaza y evitar que nos destruyan.
Hablando del ruido de la fragilidad. El impactante caso de la niña de nueve años en Piedras Negras, Coahuila, quien entre lágrimas y gritos de auxilio denunció presuntos abusos sexuales por parte de su padre, evidencia de forma crítica por qué alzar la voz e intervenir a tiempo es un asunto de vida o muerte para las infancias.
- Salvaguarda a la víctima: La denuncia interrumpe la convivencia directa con el presunto agresor. En el caso de Piedras Negras, la visibilización del testimonio permitió que las autoridades finalmente pusieran a la menor bajo el resguardo seguro de su familia materna.
- Evita daños crónicos: Identificar y denunciar a tiempo previene traumas psicológicos severos, el desarrollo de ansiedad crónica, depresión o afectaciones irreversibles en el desarrollo de los menores.
- Visibiliza el peligro doméstico: El abuso contra infantes ocurre principalmente en sus entornos más íntimos y familiares. Datos históricos recopilados por organizaciones como la
Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) confirman que una parte muy significativa de las agresiones sexuales contra menores provienen de padres o padrastros. La denuncia rompe ese pacto de silencio familiar.
- Invalida influencias institucionales: Cuando el agresor posee recursos, influencias o conexiones locales para manipular procesos de custodia o silenciar a la otra parte del núcleo familiar, la denuncia formal acompañada del escrutinio público neutraliza dichas ventajas.
- Combate la negligencia oficial: Inicialmente, las grabaciones demostraron la inacción de oficiales que atestiguaron la crisis de la menor sin aplicar protocolos de resguardo inmediato. Denunciar y difundir de forma contundente obliga a instituciones como la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia (PRONNIF) y las fiscalías a intervenir de oficio para corregir fallos procesales.
- Moviliza la solidaridad ciudadana: La movilización en Piedras Negras, que escaló hasta bloqueos internacionales, demostró que la denuncia comunitaria dota de fuerza y respaldo a las madres o familiares que libran batallas legales asimétricas contra los agresores.
- Valida la voz de los niños: Históricamente los testimonios de los infantes se desestiman o se catalogan erróneamente como manipulaciones familiares. Sostener una denuncia bajo el principio de creerle al menor obliga al sistema judicial a priorizar el bienestar físico y psicológico de las infancias por encima de los derechos parentales del adulto investigado.
- Sienta precedentes de justicia: Cada denuncia efectiva cierra el paso a la impunidad, evitando que presuntos depredadores sexuales evadan la acción de la justicia o continúen agrediendo de manera sistemática a otros menores en total libertad.
La Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), basada en los registros de lesiones en el país de 2010 a 2024, proporcionados por la Secretaría de Salud, señala que en los hospitales se atendió por violencia sexual a 10.613 personas de entre 1 y 17 años durante 2024. Un aumento de 1,241.7% con respecto a lo observado en 2010..
“Los padres y padrastros también figuran entre los principales agresores sexuales de niñas y mujeres adolescentes; 11,1% de las víctimas de violencia sexual de entre 1 y 17 años en el mismo periodo tuvieron como agresor a su padre o padrastro”, aseguran.
En resumen, la frase de Fallaci como el caso de la niña de nueve años nos invita a ser más empáticos: cuando alguien reacciona con furia, a veces no estamos ante una persona cruel o mentirosa, sino ante alguien que se siente profundamente vulnerable y solo intenta sobrevivir.
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