Les contaré algo que a nadie le importa, pero que sé muchos van a leer, por obvias razones.

Una frase con la que me identifico en ocasiones como esta, es esa que responde Mafalda cuando le preguntan: “¿Practicas algún deporte de alto riesgo? -Sí, a veces doy mi opinión”.

Y es que una es consciente de las repercusiones que pueden haber al emitir una opinión y sobretodo en temas polémicos como por ejemplo: la política, la religión o el pole dance, temática con mucha tela de dónde cortar para victimizarse, ofenderse y menospreciar al mismo tiempo. Sin embargo, dentro de estas consecuencias en ocasiones me ha sucedido que la cuestión no se detiene ante una respuesta face to face, entiéndase por escrito o en persona, si no que escala astutamente, a través de una historia mal contada a terceros para generar solidaridad entre su círculo de amistades, familia o entorno, retomando fragmentos de lo que escribí o dije para reavivar el tema a su favor, asumiendo el papel de víctima.

Entiendo que se colocan en esa posición porque no pueden enfrentar solos la opinión o situación que les ofende o porque en realidad son victimistas, esa persona que se hace la víctima, quejándose excesivamente, contando sólo lo que les conviene buscando la compasión de los demás, así lo define el diccionario académico.

Bien, esa es la definición que da el diccionario, pero es importante destacar que en la práctica las consecuencias​ de una historia mal contada por un victimista, consciente o inconscientemente, simulando una agresión o menoscabo inexistente y responsabilizando erróneamente al entorno o a los demás, ocasiona automáticamente agresiones y opiniones ofensivas hacia la ahora víctima, afectando su imagen.

Por eso, como público, amigos y hasta familiares, es preciso conocer las dos versiones antes de opinar o peor aún lanzar juicios y ofensas. Ya que los victimistas tienen la habilidad de lograr la empatía general, al hablar de una forma «herida», emocionalmente.

Entre los aspectos que debe trabajar una persona victimista es asumir las críticas como parte de la vida, entender que no podemos gustarle a todo el mundo y asumir que las relaciones humanas no son perfectas. Por ejemplo, si alguien me critica, en vez de saltar a la defensiva, podría preguntarle a esa persona qué quiere decir exactamente y por qué considera que no he hecho bien las cosas. El diálogo podría abrir la puerta a nuevos puntos de vista, más allá de la sensibilidad y la queja constantes.

Las consecuencias de las mentiras de este tipo pueden ir desde malos entendidos afectando una imagen y reputación, agresiones físicas y verbales entre amistades y familiares, hasta problemas legales. “En el mundo hay víctimas y victimarios. Pero a veces se nos escapa una tercera categoría, muy importante en salud mental, el victimista, es decir, la persona con tendencia a considerarse víctima o hacerse pasar por tal”, explica el psiquiatra José A. Posada Villa.

Al ser considerado un problema de salud mental, del que poco se trata como tal, si no como un simple chisme, sería preciso poner atención a este tipo de personas o situaciones, para no contribuir en su juego, no ser parte del problema, porque las quejas son solo la punta del iceberg del victimismo, un rasgo de la personalidad que abarca una variada gama de comportamientos no adaptados a la realidad, de acuerdo a los psicólogos.

“El sujeto adopta el rol de víctima dentro del contexto de la discusión, de tal forma que el otro interlocutor queda posicionado implícitamente frente a terceros como un impositor autoritario y su argumentación como mera imposición o ataque. cualquier ataque que realice queda envuelto en un manto de candidez ya que supuestamente se está defendiendo justificadamente”, explica el especialista.

Una de las principales causas por las que las personas se hacen las victimas es para que se le reconozcan los méritos. Además son prevenidos y de mala fe. Sienten placer al mostrarse como víctimas y como se sienten víctimas, no ven necesario sentirse culpables.

La actitud de estas personas es pasiva e inconscientemente manipuladora, se valen del chantaje emocional. Este tipo de personas suelen criticar a aquellos que no les dan la razón que no piensa como ellos. Otro aspecto de está personalidad es que generalmente tienen comportamientos pasivo-agresivos y buscan atención aunque sea negativa.

Esta problemática está presente en nuestro día a día, entre hombres y mujeres; contradictoriamente muchas mujeres promovemos la solidaridad, apoyo entre nosotras y acabar con estereotipos para vivir en plenitud, por eso es necesario actuar con coherencia, como dice un poema de Mario Benendetti, “Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones…

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.

Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A estos los llamo mis amigos”.