El 41 por ciento de las mexicanas entre 15 y 29 años no desea tener hijos; en 2018 la proporción era de 30 por ciento.


 

México enfrenta un envejecimiento demográfico acelerado, lo que obliga al país a priorizar estrategias que aprovechen la transición actual. 

El reto es inminente: en menos de 25 años, una cuarta parte de la población tendrá más de 60 años, lo que exige preparar la infraestructura social y económica para este cambio.

Mujeres jóvenes se alejan de la maternidad 

El Programa Nacional de Población 2026-2030 prevé una próxima etapa de vejez en nuestro país, empujada por una generación de mujeres jóvenes que cada vez se aleja más de la maternidad, pues entre 2018 y 2023 la proporción de mexicanas de 15 a 29 años que no intentaban tener hijos pasó de 30 a 41.3 por ciento, un cambio que sigue la ruta demográfica de naciones desarrolladas.

El documento publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF), señala que en nuestro país las tasas de fecundidad han retrocedido gracias a la libertad de las mujeres de decidir ser madres o no. 

También sostienen que el empoderamiento de la mujer y la transformación de los roles de género “favorecieron cambios en la organización social y familiar”, tal como ha ocurrido en otras latitudes.

“El deseo de tener hijos sigue disminuyendo, tal como ocurrió hace algunas décadas en los países de ingresos altos. De 2018 a 2023, el porcentaje de mujeres sin hijos y sin deseo de tenerlos aumentó de 31.3 a 50.1 por ciento. En el rango de 15 a 19 años, el porcentaje de mujeres sin hijos y sin deseo de tenerlos creció de 25.2 a 44.4 por ciento, y en las jóvenes de 20 a 24, subió de 23.7 a 43.2 por ciento”, explica el documento.

A nivel nacional, el ejemplo más claro está entre las mujeres de 25 a 29 años. En ese grupo, el porcentaje de quienes no intentaban tener hijos pasó de 43 a 52.9 por ciento en cinco años, lo que muestra que la postergación o rechazo de la maternidad ya no se explica solo por la edad escolar o por decisiones adolescentes.

Entre las jóvenes de 20 a 24 años, la proporción subió de 27.9 a 39.6 por ciento, mientras que en el grupo de 15 a 19 años pasó de 20.4 a 32.5 por ciento, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica del Inegi.

El Programa Nacional de Población 2026-2030 reconoce que México ya entró a una etapa de baja fecundidad. La tasa pasó de 2.21 hijos por mujer en 2014 a 2.07 en 2018 y a 1.60 en 2023, por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2.1 hijos por mujer.

La mayor presión demográfica llegará en 2034, cuando México tendrá más personas de 60 años y más que niñas y niños menores de 12 años, con 16.8 frente a 16.2 por ciento, de acuerdo con las proyecciones incluidas en el programa.

El documento perfila una planeación de ‘resiliencia demográfica’ para un México con menos nacimientos, hogares más pequeños y más adultos mayores, pero también reconoce que detrás de muchas decisiones reproductivas pesan el empleo precario, la falta de vivienda, la ausencia de cuidados y la desigualdad en el acceso a servicios.

Desde esa lectura, el primer objetivo del Programa Nacional de Población 2026-203 será ajustar las políticas públicas a los cambios demográficos para aprovechar la población que aún está en edad productiva y preparar al país para una sociedad más envejecida.

Incentivos a la natalidad y conciliación laboral para frenar el envejecimiento

La ruta pasa por ampliar la cobertura educativa, reducir el abandono escolar, fortalecer habilidades digitales y tecnológicas, abrir más espacios de capacitación para jóvenes e impulsar empleos formales en manufactura, servicios, salud, cuidados, infraestructura y tecnologías verdes.

También plantea crear condiciones para que las personas tengan los hijos que desean. Para ello, propone apoyos sociales, subsidios, vivienda, flexibilidad laboral, sistema de cuidados, licencias de maternidad y paternidad ampliadas, así como servicios de reproducción asistida para quienes los requieran.

“Las decisiones reproductivas también son condicionadas por el contexto socioeconómico, incluida la falta de oportunidades laborales, de ingresos adecuados, dificultades en conciliar el trabajo con el cuidado de hijas e hijos, la falta de acceso a una vivienda asequible, el temor a no poder garantizar una educación de calidad y la falta de protección social, entre otras razones”, señala.

El plan pretende ampliar el acceso a métodos anticonceptivos modernos, consejería integral, servicios de salud sexual y reproductiva sin discriminación, educación integral en sexualidad y atención diferenciada para adolescentes, mujeres indígenas, personas con discapacidad y población migrante.

La estrategia también apunta al embarazo adolescente y la maternidad infantil. La tasa específica de fecundidad adolescente se redujo 30 por ciento en el último quinquenio, pero todavía se ubica en 50.6 nacimientos por cada mil adolescentes.

Para 2030, la meta es bajarla a 32.6 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años. En niñas de 12 a 14 años, el programa busca reducir la fecundidad forzada de 2.39 nacimientos por cada mil niñas en 2025 a 1.84 en 2030.

Además, el gobierno federal busca que la población tenga más información para tomar decisiones sobre reproducción, salud, migración, educación, cuidados y envejecimiento. Para lograrlo, propone campañas públicas, materiales accesibles, contenidos en libros de texto y estrategias para comunidades sin internet.