Rachel Yehuda es una destacada neurocientífica y psicóloga, líder mundial en el estudio del trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el trauma intergeneracional.
En 2020 estableció el Centro de Investigación Parsons para la Curación Psicodélica en el Monte Sinaí , donde actualmente se desempeña como directora, liderando esfuerzos pioneros en terapia asistida por psicodélicos para la recuperación del trauma que afecta biológicamente a las personas y se transmite a generaciones futuras, incluyendo estudios sobre epigenética.
Su trabajo ha sido pionero al demostrar que el trauma deja marcas físicas y biológicas en el cuerpo, desafiando la idea de que los traumas pasados no afectan la salud presente.
Durante mucho tiempo se dijo:
- “Lo que viviste ya pasó.”
- “Eso quedó atrás.”
- “Tienes que superarlo.”
Pero el cuerpo no siempre obedece esas frases.
Fue Rachel Yehuda la científica quien decidió comprobar qué ocurre realmente después del trauma.
Lo que descubrió fue profundamente incómodo:
El trauma no solo se recuerda. Se inscribe en el cuerpo.
Y no como metáfora.
Yehuda demostró que experiencias extremas de estrés pueden modificar la forma en que se regulan las hormonas del estrés, especialmente el cortisol.
Personas que vivieron trauma severo mostraban:
- Sistemas nerviosos siempre en alerta
- Mayor sensibilidad al dolor
- Ansiedad persistente
- Dificultad para relajarse incluso cuando todo está “bien”
El cuerpo aprendió que el peligro no termina.
Pero el hallazgo fue aún más impactante:
Estas huellas pueden transmitirse a los hijos no como recuerdos, si no como cambios biológicos medibles.
Hijos de personas traumatizadas mostraban respuestas alteradas al estrés aunque no hubieran vivido el evento original.
Esto explicó algo que nadie entendía bien:
- Miedo sin causa aparente
- Ansiedad “heredada”
- Cuerpos que reaccionan antes de pensar
No es debilidad. No es exageración es un sistema nervioso educado en la supervivencia.
La buena noticia es esta: Lo que el trauma enseñó al cuerpo, también puede reaprenderse, porque:
- El trauma no es una sentencia, es una adaptación que puede transformarse.
Entender esto cambió el enfoque del dolor, la ansiedad y el estrés crónico, porque ya no se trata de “aguantar”.
Se trata de ayudar al cuerpo a sentirse a salvo otra vez.
Ciencia que incomoda.
Pero esto explica por qué a veces duele incluso cuando ya no hay peligro.
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