Partamos de alguna afirmación que considero indiscutible:

La diversidad es un hecho. Todos somos diferentes y únicos. Pero la inclusión es una actitud.

Las culturas incluyentes son importantes desde la eficiencia, el vínculo, y también la creatividad.

En el trabajo en equipo es importante que haya igualdad de oportunidades de participar, y a partir de ahí, interesa toda la diversidad que sea posible, puesto que tiende a enriquecer el número de posibilidades y enfoques posibles para resolver situaciones.

Sin embargo, muchas veces el pensamiento dominante tiene tendencia a convertirse en excluyente. Pierde el interés por nutrirse de más miradas y se apoya cómoda y anestésicamente en el concepto de mayoría. Así, cuando en un equipo no formamos parte de dicho colectivo, no vivimos cómodos, nos sentimos ignorados, solos, raros, desatendidos. Absorbidos y olvidados como personas, y destendidos y desperdiciados nuestros aportes.

Los seres humanos solemos tener juicios muy diferentes cuando nos sentimos parte de la mayoría (incluidos en el grupo grande, aceptados,) o cuando formamos parte de algún tipo de minoría o excepción.

Siempre son juicios, luego siempre son discutibles.

A veces nos sentimos solos, aislados, abandonados, atacados, y cuando somos parte de la mayoría apelamos con frecuencia a la razón, como si una posibilidad, tener razón, se justificase automáticamente por un hecho, ser mayoría.

Decimos cosas como: “la mayor parte de la gente piensa como yo” (luego tengo razón).

Si todos formásemos SIEMPRE parte de la mayoría, desparecería la creatividad y la innovación de la faz de la tierra. Lo original siempre empieza en minoría. Las ideas, la creatividad, antes de ser compartidas y aceptadas, se originan en una sola cabeza.

            Leonardo Da Vinci: La curiosidad es el principio de todo conocimiento.

Los nuevos conocimientos, llegan cuando nos atrevemos a cuestionar la realidad aceptada. Y, a veces, la genialidad se esconde detrás de lo improbable o incluso lo aparentemente extravagante.

            Einstein: La imaginación es más importante que el conocimiento

El conocimiento, decía, ya existe, y está cada día más asequible a todo el mundo. Pero el pensamiento divergente, la Imaginación, es la cualidad personal que nos va a permitir marcar una diferencia, generar una auténtica NOVEDAD.

¿Cuántas grandes ideas han sido desahuciadas por novedosas al principio? (el propio Einstein le recomendaron que dejase los estudios).

Podemos entonces concluir que tener una cultura INCLUSIVA de las Minorías y la Diversidad garantiza un pensamiento más abierto, más creativo, más cuestionador, más buscador…siempre que sepamos conversar entre diferentes para buscar la mejor opción.

¿Acaso no decimos siempre que el Factor Humano marca la diferencia con el éxito en las empresas?  Yo añado…el Factor Humano que piensa y aporta ideas nuevas. Son los participantes, y no los meros seguidores, los que van a marcar diferencias con lo ya establecido.

Una cultura inclusiva requiere un vínculo fuerte entre las personas; y un vínculo fuerte requiere un equilibrio entre lo que nos es COMÚN y lo que es DIVERSO o ESPECÍFICO de cada uno.

Esto se da en la empresa, en la familia, en la pareja, etc… un vínculo sólido en lo esencial: Cultura, Valores y Misión… y Diversidad en todo lo demás: Raíces y Alas. Tierra y Aire.

Aceptar la diversidad es esencial para sobrevivir, convivir, y para vivir serena e intensamente. Curiosamente son los 3 focos de la Creatividad.

Un primer nivel es el RESPETO, luego la ACEPTACIÓN, y finalmente la INCLUSIÓN. (recomiendo revisar con ojos críticos hoy, la excelente película, Adivina quién viene a cenar esta noche 1967, Katherine Hepburn, Spencer Tracy y Sidney Poitier).

Hablamos del SER incluyente, y del HACER en congruencia. No parece lógico ni coherente pues, declararnos abiertos a la diversidad, sin construir una cultura incluyente después.

            Una sola persona no hace más inteligente a los equipos, pero un equipo unido    hace más inteligentes a las personas.

Conclusiones:

¿Qué actitud mantengo en mi vida hacia la aceptación de lo diverso, hacia el que es diferente?

¿Qué dice de mí que sea crítico con las diferencias ajenas, pero quiera ser aceptado con MIS diferencias?

¿Cuántas veces he dejado de escuchar y valorar una idea porque provenía de alguien demasiado diferente a mí?

¿En qué me convierte refugiarme siempre en la mayoría?

¿Cómo convivo con la diferencia en mi empresa, en mi pareja, con mis hijos, amigos… o pretendo que ellos sean iguales a mí?

 

rafaelcalbet@hotmail.com