Comúnmente, explicó Jorge Baruch Díaz Ramírez, responsable de la Clínica de Atención Preventiva del Viajero de la Facultad de Medicina, la gente que viaja al extranjero padece, durante el trayecto, de enfermedades dermatológicas en primer lugar, y eso incluye picaduras de insectos que se complican con infecciones por rascarse o por no lavarse bien.

En segundo término, están los males gastrointestinales, siendo las diarreas las más frecuentes. Y en tercero, los padedecimientos respiratorios. La influenza es muy importante: uno de cada cien viajeros en el mundo porta el virus o está enfermo, por lo que, independientemente de la temporada, “debemos vacunarnos siempre que vamos a salir”, añadió el experto.

En Asia-Pacífico es común la fiebre tifoidea o salmonelosis, aunque para ello hay una vacuna. En el orbe, la hepatitis A es el más común (y prevenible) de los padecimientos gastrointestinales, sobre todo en personas de entre 16 y 29 años, que son las que más viajan. “Si no se han enfermado y lo hacen en esa edad, puede ser como la varicela o el sarampión, es decir, más grave conforme el individuo es mayor”.

Pero antes y después de salir también se presentan males a los que debe ponerse atención. En el primer caso, los preexistentes como hipertensión, diabetes, problemas con triglicéridos o una cirugía reciente; actividades como bucear o escalar pueden predisponer a complicaciones.

Hay gente con VIH que necesita garantizar su tratamiento o con antecedentes neuropsiquiátricos como epilepsia, o problemas del sueño, medicados con antidepresivos. Todo ello debe tomarse en cuenta para que al momento de viajar no haya problemas para traspasar las fronteras internacionales, comentó Baruch Díaz.

El dengue y la malaria son frecuentes en quienes regresan a casa de sitios como América del Sur, África subsahariana y sitios rurales de Asia-Pacífico. En Europa, en el Mediterráneo, las enfermedades gastrointestinales y el dengue.

Por eso se recomienda no sólo un botiquín personalizado de acuerdo con el motivo de viaje y edad, entre otros, sino que también se administren las vacunas obligatorias y altamente recomendadas, como la de la fiebre amarilla en caso de destinos en Sudamérica o África, o la de hepatitis B –de transmisión sexual hasta mil veces más contagiosa que el VIH– para jóvenes que realizan viajes de placer o de mochilazo.

Asimismo, que los mexicanos que salgan se anoten, mediante la Guía del Viajero de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en el Sistema de Registro de Mexicanos en el Exterior, para que se sepa cuántos connacionales hay fuera de nuestras fronteras y dónde están en caso de eventualidad social o natural.