La ministra de Salud del Gobierno de José Antonio Kast, May Chomali, le ha dado este lunes un portazo al proyecto de ley que establece que los médicos deben ofrecerle a las mujeres el escuchar los latidos del feto antes de someterse a un aborto legal y, si estas no quieren, el profesional de la salud no puede interrumpir su embarazo.
Chomali, médico cirujana de profesión, afirmó esta mañana en Tele13 Radio que “no existe evidencia científica” que respalde la iniciativa Escucha su corazón, impulsada por un grupo de diputados del Partido Nacional Libertario (PNL) y del Partido Republicano, la formación fundada por el mandatario chileno. El diputado libertario Cristóbal Urruticoechea, autor principal de la moción, contestó a la ministra cuestionando si el Ejecutivo estaba del lado de “salvar una vida” o de “apaciguar la ira implacable del feminismo”.
El Gobierno de Kast había sido esquivo a tomar una postura respecto al proyecto de ley presentado en el Congreso a finales de junio, que le habla a sus bases más extremas. La ministra Chomali, sin embargo, fue categórica esta mañana:
“Desde el punto de vista clínico, nosotros hemos mirado y no existe evidencia científica, que es lo que nos tiene que mover a nosotros, que la mujer vaya a cambiar de decisión en esas tres causales”, en alusión al riesgo vital para la madre, inviabilidad fetal y violación.
La secretaria de Estado señaló que los médicos igual tienen que realizar ecografías para identificar las dos primeras causales y, seguramente, para saber si la mujer está embarazada también. “Por lo tanto, para todos los efectos del médico, es algo que no hace la diferencia”, añadió.
“Se ha hablado de revictimización, en lo cual uno podría estar de acuerdo. No hemos mirado mucho los efectos psicológicos de la madre, pero desde el punto de vista de la evidencia científica no hay evidencia de que la mujer vaya a cambiar de opinión”.
Sobre la evidencia internacional, el diputado Urruticoechea respondió a la ministra que “hay experiencia, hay datos, hay porcentajes en todos los Estados de Estados Unidos donde esta ley se aplica, y también en Hungría. No sé por qué no la han podido encontrar”. Y agregó: “¿De qué lado estamos? ¿Estamos del lado de salvar una vida? ¿Estamos del lado de apaciguar toda esta ira implacable del feminismo, de la prensa, y tratar de dejar todo en orden, sabiendo que existen asesinatos de niños que son completamente inocentes? ¿Dónde están las palabras del cardenal Chomali entonces?”.
Esta última pregunta apuntaba a que el cardenal Fernando Chomali —arzobispo de Santiago y hermano de la ministra— dijo a mediados de julio en un programa de streaming de La Tercera, que rechazaba el aborto en tres causales y que la experiencia muestra que cuando hay apoyo médico, psicológico, espiritual, económico, “las mujeres se sienten más acompañadas y desisten de eso”.
En cuanto al proyecto de ley, el cardenal afirmó que no lo conocía en concreto, pero que le dolía que la propuesta provocara “una división, una polarización y una ira impresionante”. Planteó que “sería muy bueno” que ese latido lo escuchara un médico “que se comprometió a curar, a sanar, a preocuparse de la vida”, en vez de mostrárselos a una mujer que “está en una situación muy difícil, muy compleja”. “Me duele que haya médicos que se presten para realizar un aborto. Eso lo encuentro terrible”, añadió.
El respaldo ciudadano al proyecto de ley es minoritario y ha ido en declive: un 54% de los consultados por Criteria el pasado domingo se mostró en desacuerdo, un 25% no tomó postura y solo un 21% dijo apoyarla. El rechazo es transversal a nivel político, con mayoría incluso dentro de la propia derecha (40% en contra frente a 35% a favor).
Las declaraciones de la ministra Chomali abren una fractura entre las derechas, pero también suponen un enfrentamiento dentro del Gobierno de Kast. El ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot, sostuvo a finales de julio que el Ejecutivo estaba dispuesto a dialogar con el PNL sobre la iniciativa: “Tenemos que conversarlo con ellos, tenemos que ver la conveniencia, la inconveniencia, y tratar de salir con una solución que pueda ser satisfactoria para todos”.
García Ruminot llegó a plantear en Mesa Central de Canal 13 que el proyecto “cobra sentido cuando se trata de abortos por violación”, aunque reconoció que obligar a una mujer violada a escuchar los latidos fetales “evidentemente lo hace más violento”.
A diferencia de sus intentos anteriores por llegar a La Moneda, durante la última campaña presidencial, Kast no entró en la llamada agenda valórica, argumentando que las prioridades de la ciudadanía estaban puestas en la seguridad, la economía y la migración. Los libertarios, que están más a la derecha que los republicanos y que no son parte del oficialismo, sí quieren instalar los temas de la batalla cultural, lo que supone una incomodidad al Ejecutivo, con el que comparten los principios ultraconservadores.
Con información de EL PAÍS
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