Mientras el Conejo en la Luna representa bondad y sacrificio en la cultura mexicana, el lado oculto representa la exploración científica y lo desconocido.
Este año, el 4 de abril, la misión Artemis II de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (Nasa) marcó un nuevo hito en la exploración espacial al orbitar la Luna, durante este recorrido, los astronautas observaron directamente la cara oculta del satélite, lo que renovó el interés por su estructura y características.
Esta transición marca el paso de la mitología prehispánica a la astronomía moderna, explorando cómo hemos interpretado las manchas lunares a lo largo de la historia. Mientras que el «conejo» adorna la cara de la luna que siempre vemos, existe un hemisferio que permanecía aún más en el misterio.
La leyenda del Conejo en la Luna
En la cosmovisión mesoamericana, la silueta que vemos en la Luna llena se explica mediante el mito que narra según la leyenda azteca. El dios Quetzalcóatl bajó a la Tierra en forma humana y, tras caminar todo el día, se sintió agotado y hambriento. Por lo que un pequeño conejo que cenaba zacate, sin saber que era una deidad, se ofreció a sí mismo como alimento para salvar al viajero.
Conmovido, el dios lo elevó hasta la Luna, estampando su figura en ella para que su generosidad fuera recordada por siempre.
Mientras la inmortalización del «conejo» adorna la cara que siempre vemos, existe un hemisferio que permanecía en el misterio, ya que por la rotación sincrónica, la Luna siempre le muestra la misma cara a nuestro planeta.
La cara oculta de la Luna, el fenómeno que impide verla
El fenómeno de sincronización, se refiere a que no vemos el lado oculto debido al acoplamiento de marea, es decir que la Luna tarda exactamente lo mismo en rotar sobre su propio eje que en dar una vuelta alrededor de la Tierra, lo que se llama rotación sincronizada.
Un mito falso es que comúnmente se le llama «lado oscuro», pero esto es incorrecto; recibe la misma cantidad de luz solar que la cara visible, simplemente no es observable desde nuestro planeta.
Tras el viaje de Artemis II, surgió nuevamente la pregunta sobre por qué nunca se observa la cara oculta de la Luna desde la Tierra. Aunque existe la creencia de que este satélite no gira, en realidad sí realiza un movimiento de rotación sobre su propio eje mientras orbita el planeta.
La explicación se encuentra en un proceso de sincronización entre ambos cuerpos celestes. Según el periodista Héctor Rodríguez, de National Geographic, «la Luna y la Tierra se encuentran atrapados en un eterno baile cósmico en el que la gravedad pone la música, y la perfecta sincronización de ambos bailarines provoca que siempre veamos una cara de nuestro satélite».
Hace millones de años, la Luna se encontraba más cerca de la Tierra y giraba a mayor velocidad, lo que permitía observar distintas regiones de su superficie desde el planeta.
Con el paso del tiempo, la fricción generada por la gravedad redujo la velocidad de rotación lunar hasta alcanzar una configuración estable. Este proceso responde a la tendencia de los sistemas físicos a minimizar su energía, lo que lleva a que el lado más denso del satélite quede orientado hacia el planeta que orbita. Este fenómeno no es exclusivo de la Luna, sino que también se presenta en otros satélites del sistema solar.
Misión Artemis II: NASA publica la primera foto de la cara oculta de la Luna
En la imagen, tomada el pasado 4 de abril, se observa a la Luna al revés, con su Polo Sur apuntando hacia arriba y una vista completa de la cuenca Oriental de la Luna, la cual nunca antes había sido vista en su totalidad por ojos humanos, según describió la agencia espacial.
La tripulación de la Misión Artemis II ha marcado hitos, desde ser el primer equipo en alcanzar la órbita de la Luna en más de medio siglo, hasta capturar la cara menos conocida del satélite natural de la Tierra.
La misión Artemis II de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (Nasa) marcó un nuevo hito en la exploración espacial al orbitar la Luna y ubicar a sus tripulantes a una distancia de 406.777 kilómetros de la Tierra, superando el registro establecido por Apolo 13. Durante este recorrido, los astronautas observaron directamente la cara oculta del satélite, lo que renovó el interés por su estructura y características.
Información recopilada por la Nasa y otras agencias espaciales ha permitido identificar en el lado no visible desde la Tierra la cuenca Aitken del Polo Sur, considerada la mayor zona de impacto de meteoritos del sistema solar. Allí se encuentra el cráter más grande, antiguo y profundo de la Luna. Además, se han detectado posibles depósitos de hielo que podrían ser utilizados en futuras misiones espaciales para producir agua, oxígeno y combustible.
Ambas visiones representan la fascinación humana por el satélite, pasando de la interpretación mítica basada en luces y sombras, a la exploración científica del hemisferio desconocido.
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