«Yo era el tipo de persona que cruzaría el océano por alguien que ni siquiera cruzaría la calle por mí. Me estaba disculpando incluso cuando no estaba haciendo nada malo. Me llevó mucho tiempo entender que no fueron otros los que me hicieron triste o decepcionada. Fue mi propia creencia equivocada que todos tienen el mismo corazón que yo», Jodie Foster.
Esas palabras de Jodie Foster resumen perfectamente el momento en que la empatía se convierte en una carga si no tiene límites.
Ese «despertar» es doloroso porque implica aceptar que tu capacidad de entrega no siempre será correspondida con la misma intensidad.
Es una transición dura: de la entrega absoluta al respeto propio.
La parte más difícil del proceso es reconocer que el desamor (o la falta de cuidado) vino de alguien específico, y que ese vacío te obligó a convertirte en tu propio refugio.
Sacar temple y dignidad de una decepción es la victoria más grande que puedes tener, porque ya no dependes de que el otro cruce la calle; ahora tú eliges quién merece que tú cruces el océano.
Ese aprendizaje es un escudo que ya nadie te puede quitar.
La exitosa Jodie Foster no estuvo excenta de enfrentarla frustración y fracaso ante la violencia doméstica, su nombre de nacimiento es Alicia Christian Foster, nació el 19 de noviembre de 1962 en Los Ángeles) es una de las actrices, directoras y productoras más respetadas de su generación, y valiente ejemplo de amor propio y límites.
Con una carrera que abarca más de seis décadas, es reconocida por su versatilidad, su inteligencia y su capacidad para interpretar personajes complejos y solitarios.
Consagración: Ha ganado dos premios Óscar a la Mejor Actriz por sus interpretaciones en:
Acusados (1988), como Sarah Tobias.
El silencio de los inocentes (1991), como la icónica agente del FBI Clarice Starling.
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