En México es complicado obtener datos exactos sobre cuántas niñas, niños y adolescentes son víctimas de abuso sexual y ello dificulta dimensionar la gravedad de la situación y sus consecuencias.
Sin embargo, cifras preliminares de 2024 (los datos definitivos estarán disponibles en 2025) de la Secretaría de Salud estiman que en lo que va del año se atendieron ocho mil 775 infantes por lesiones de violencia sexual: 610 menores de cero a cinco años; mil 217 de entre seis y 11, y seis mil 948 adolescentes de 12 a 17 años. De las víctimas, el 92.71 % (ocho mil 136) fueron mujeres, el 7.06 % (620), hombres, y el 0.21 % (19) no se especificó.
La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares del INEGI, 2021, también refleja datos sobre esta situación, y establece que alrededor de 12.4 millones de las mujeres de 15 años y más manifestó haber vivido algún tipo de violencia sexual en su infancia.
Pese a que las cifras apuntan a que las víctimas son en su mayoría mujeres, esto también afecta a los hombres, pero diferentes circunstancias –como la construcción de la masculinidad– impiden que lo expresen.
Entonces, no es que no la vivan, sino que no lo manifihay diversos indicadores que presentan las infancias tras experimentar estas situaciones. Entre los más comunes se encuentran dolores abdominales sin causa física aparente, regresiones en el control de esfínteres, trastornos alimenticios, terrores nocturnos o que, sin razón aparente, rehúyan de lugares a los que iban de forma habitual con seguridad y gusto, como la escuela o la casa de familiares.
Rosalba Cruz Martínez, consejera jurídica de la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM, apunta que una de las razones por las cuales no hay cifras exactas es porque desde hace años existe la construcción histórica de que la violencia contra las infancias debe mantenerse en secreto.
Que haya pocos reportes se debe no sólo al miedo, machismo y factores de género, también influye que los adultos, responsables de las infancias, y los especialistas de disciplinas que tienen contacto con las niñeces no cuentan con herramientas adecuadas de detección.
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