Catalina Aguilar Mastretta leyó por primera vez Mal de amores a los 13 años. Con la ilusión adolescente y las expectativas sobre el futuro consumió las páginas que su madre, Ángeles Mastretta, escribió en 1997 sobre la vida de la intrépida joven Emilia Sauri y su liberal familia en los años de la Revolución mexicana.

“Siempre tuve esta sensación de haberme reconocido en el personaje de Emilia. Se trata de mí”, contó emocionada la cineasta que, ahora, de la mano de Netflix ha adaptado la novela para una serie que se estrena este mes en la plataforma. Aguilar Mastretta reconoce que llevar Mal de amores a la pantalla se convirtió desde entonces en un proyecto vital para su carrera en el cine.

La historia de Mal de Amores destacó desde su publicación como libro por el papel independiente de las mujeres en el centro de la historia. En un país machista como México, las protagonistas tienen opiniones y agencia propia, además de que son quienes facilitan varias herramientas a los hombres que luchan por la revolución. Ese es el caso de Milagros Sauri —tía de Emilia—.

La actriz Cassandra Ciangherotti interpreta el personaje que pone un rostro diferente a las mujeres de la Revolución mexicana por su pertenencia a una clase privilegiada.

La historia, que se ha desarrollado en siete episodios, muestra tanto la condición conservadora de las mujeres como la de aquellas que tuvieron la posibilidad de sobresalir por su cuenta. El personaje de Ciangherotti, incluso, abre una ventana sobre cómo las mujeres de clase alta no eran ajenas al cambio político de la época. “Uno tiene que hacer la revolución con las herramientas que tiene”, menciona la intérprete.

Ángeles Mastretta ganó el Premio Rómulo Gallegos con esta novela que cuenta la encrucijada de Emilia Sauri —interpretada en la serie por Renata Vaca— hija de un boticario y con habilidades para la Medicina, que debe optar entre el amor de dos hombres: el revolucionario Daniel Cuenca (Juan Pablo Fuentes) y el médico Antonio Zavalza (Iván Amozurrutia).

A pesar de haber sido lanzada tres décadas atrás, el mensaje detrás de la novela continúa vigente. Mal de amores se empeña en retratar la experiencia humana desde la perspectiva de una mujer al poner en duda las expectativas de la sociedad y rechazar la idea del amor romántico como el objetivo final de la existencia.

Con algunas otras de sus publicaciones como Mujeres de Ojos Grandes (1990), la autora mexicana se ha enfocado en humanizar la lucha silenciosa de la mujer. Estas obras literarias abren la conversación sobre aquellos estereotipos que aún viven al día de hoy. Mal de Amores, nos invita a cuestionar lo que creíamos saber sobre la cotidianidad que navegamos y abre la puerta a una conversación que lejos de romantizar la búsqueda de amor de una mujer, la acompaña en el proceso de encontrar su identidad.

 

Con información de EL PAÍS.