Los recientes ajustes legales en materia laboral, desde el incremento al salario mínimo hasta la reducción de la jornada, han elevado de forma considerable los costos operativos para los empleadores en México; orillando a muchos de ellos a buscar esquemas de compensación distintos al salario tradicional.

Aunque el incremento al salario mínimo suele anunciarse como un porcentaje de un solo dígito, al incorporar el monto de recuperación anual se traduce en la práctica, en un aumento total de entre 11% y 20%, explica Estefania Rueda, socia del despacho laboral Littler México. Este ajuste no solo eleva el costo de los puestos base, sino que reduce la brecha salarial con los de mayor jerarquía, obligando a las empresas a incrementar sueldos en cadena para mantener un tabulador razonable.

A este panorama se suman otros factores como el aumento al periodo vacacional que elevó también la prima vacacional y, con ella, el salario base de cotización ante el IMSS y el Infonavit; las aportaciones patronales para las Afores se incrementan de forma gradual cada año por la reforma a la Ley del Seguro Social; y la reducción de la jornada laboral implica, para muchas empresas, mayor pago de horas extra o la necesidad de contratar más personal.

«El efecto conjunto de estos cambios reduce el margen de ganancia de las compañías, sobre todo el de las pequeñas y medianas empresas. Esta presión financiera puede llevar a las empresas hacía dos caminos: despedir personal o migrar hacia la informalidad, pagando compensaciones «por fuera» sin registrarlas ante el IMSS ni el SAT, algo que expone tanto a la empresa como al trabajador a adeudos fiscales y multas en casos de auditoría”, señala Estefanía Rueda.

Ante este escenario, Rueda comparte las siguientes alternativas legales, para que los patrones puedan amortiguar esta alza en los costos:

  1. Contratación estratégica por hora u objetivo: siempre que el pago total del día no sea menor al salario mínimo diario.
  2. Esquemas de incentivos diferenciados: según el nivel jerárquico, la antigüedad y el desempeño de cada posición.
  3. Prestaciones de previsión social: como vales de despensa, fondo de ahorro o seguros de gastos médicos, que son deducibles para el empleador y no generan carga fiscal adicional para el trabajador.
  4. Jornadas híbridas: que pueden reducir los gastos operativos de la empresa al disminuir el uso de las instalaciones.

Con el panorama legal en constante transformación, es previsible que en los próximos años sigan surgiendo nuevos ajustes que impacten el costo de operar en México para los empresarios. La clave para los empleadores está en anticiparse al contar con esquemas de compensación estratégicos y legales que les permitan aminorar el impacto financiero sin dejar de cumplir con sus obligaciones ni comprometer las prestaciones y la seguridad social de sus trabajadores. Si te interesa cómo desarrollar mejores políticas laborales, ingresa a: https://www.littler.com/es/location-global/mexico