El psicólogo húngaro László Polgár sostenía que los genios no nacen, sino que se forman, para demostrar que el talento no es innato, sino que se construye mediante la educación especializada y temprana; crió a sus tres hijas: Susan, Klara y Judit, en casa, enfocándose intensamente en el ajedrez, convirtiéndolas en maestras internacionales y superando barreras de género, con el objetivo de que cualquier niño podría ser un genio con el entorno adecuado.

Las niñas fueron instruidas en ajedrez como eje central de su formación, con un enfoque riguroso y disciplinado que buscaba potenciar sus capacidades intelectuales y competitivas.

El resultado fue notable. Susan, Sofia y Judit Polgár alcanzaron niveles de élite en el ajedrez internacional. Judit, la menor, llegó a ser reconocida como la mejor ajedrecista de la historia, enfrentándose y venciendo a jugadores de talla mundial. Su desempeño marcó un hito en la percepción del talento femenino en un campo tradicionalmente dominado por hombres

El experimento de Polgár se convirtió en referencia académica y deportiva. Hoy se cita como uno de los casos más sólidos que respaldn la influencia del entrenamiento, la disciplina y el entorno en el desarrollo del talento, mostrando cómo la práctica intensiva puede transformar habilidades en logros extraordinarios.

Aunque algunos consideran que fue un caso extremo, el experimento Polgár sigue siendo un testimonio del potencial humano y de la importancia fundamental del entorno y la dedicación en el desarrollo de talentos, sugiriendo que la «genialidad» puede ser cultivada, no solo heredada.