Las mujeres han desempeñado diversos roles en el narcotráfico en México, desde figuras de alto perfil hasta operadoras en la base de las organizaciones criminales. Su participación en el narcotráfico en México ha aumentado significativamente, las detenciones de mujeres por delitos relacionados con el crimen organizado aumentaron 124% entre 2012 y 2024. 

Algunas de las mujeres más notorias son: 

Sandra Ávila Beltrán («La Reina del Pacífico»): Es una de las narcotraficantes más famosas, apodada por los medios como «La Reina del Sur» o «La Reina del Pacífico». Alcanzó una posición de poder y notoriedad debido a sus vínculos con el Cártel de Sinaloa y ha sido objeto de series de televisión y libros.

Enedina Arellano Félix («La Jefa»): Conocida como «La Jefa» o «La Madrina», asumió el liderazgo del Cártel de Tijuana tras la caída de sus hermanos, convirtiéndose en una de las mujeres más poderosas del negocio de la droga durante los años noventa y cambiando la forma de dirigir los cárteles.

Emma Coronel Aispuro: Esposa de Joaquín «El Chapo» Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa. Coronel ha ganado notoriedad por su estilo de vida y su presencia mediática, llegando a aparecer en series de televisión. Fue condenada en Estados Unidos por cargos de narcotráfico y lavado de dinero.

María Dolores Estévez Zuleta («Lola la Chata»): Considerada por algunos como una de las primeras mujeres narcotraficantes importantes en la historia de México, operando a mediados del siglo XX.

Karem Lisbeth Yepes Ortiz («La Señora»): Asumió el control del Cártel de Santa Rosa de Lima tras la detención de su hermano, José Antonio, «El Marro», en 2020, liderando una de las organizaciones criminales más violentas de México. 

Si bien estas mujeres han alcanzado puestos de liderazgo o notoriedad mediática, la mayoría de las mujeres involucradas en el crimen organizado en México se encuentran en roles de menor jerarquía, a menudo impulsadas por la precariedad económica, la falta de oportunidades y la violencia de género, realizando tareas logísticas, de mensajería y distribución. 

Roles y motivaciones

Diversificación de Roles: Históricamente, las mujeres estaban relegadas a roles domésticos o de «mulas» (transporte de drogas). Actualmente, participan en una gama más amplia de actividades, incluyendo logística, mensajería, sicariato, extorsión y operaciones de radiocomunicación.

Ahora algunas mujeres han alcanzado puestos de alto perfil, liderando células criminales o asumiendo el control financiero tras la caída de sus parejas o familiares varones, como es el caso de Enedina Arellano Félix o Emma Coronel.

La falta de oportunidades económicas, la pobreza y la necesidad de mantener a sus familias son factores clave que impulsan a muchas mujeres a unirse. Otras motivaciones incluyen la búsqueda de protección, un sentido de pertenencia, la atracción por el poder y el lujo, o ser forzadas a permanecer en las filas con amenazas a sus hijos.

Reclutamiento: El reclutamiento ocurre a menudo a través de parejas románticas o redes sociales vulnerables, y puede comenzar desde edades tempranas (entre 11 y 16 años). 

Estadísticas y contexto social

Aumento de detenciones: Los datos de la Secretaría de la Defensa Nacional muestran un incremento alarmante en el número de mujeres detenidas por las fuerzas armadas en operativos contra el crimen organizado.

Vulnerabilidad: A pesar de algunos casos de alto perfil, la mayoría de las mujeres en el narcotráfico ocupan la base de la estructura y son más vulnerables a la detención y la victimización.

Casi el 6% de la población carcelaria en México son mujeres, y un porcentaje mayor de ellas que de hombres se encuentra en prisión sin haber recibido una sentencia condenatoria, enfrentando a menudo condiciones de hacinamiento e insalubridad

La creciente participación femenina refleja una reestructuración del crimen organizado y un cambio social más amplio, donde las condiciones de desigualdad y violencia de género interactúan con las dinámicas criminales.