Por Alma Nydia Ugalde, Coach de Consciencia Integral.

Con el riesgo de ser funada diré que difiero en ciertos aspectos con el tema de los “therians”, –con estas personas que se sienten animales–.

No me convence la versión caricaturesca. Eso de querer ser la mascota de la casa, vivir en cosplay permanente de perrito o gatito… ahí sí, no me vibra. Me parece una reducción bastante pobre de lo que podría ser una reflexión profunda sobre la identidad y la naturaleza humana.

Pero más allá de esa teatralidad, hay algo interesante: la aspiración a ser un poco más animales. No en el sentido infantil o performativo, sino en el sentido esencial.

Ser más animal es ser más instinto, más cuerpo, más presencia. Es sentir sin tanto filtro, responder sin tanta pose, habitar la vida sin tanto personaje. Quizá ser un poco más animal no es retroceder, sino recordar algo muy antiguo que olvidamos mientras nos creíamos “evolucionados”.

Identidades más amables con la naturaleza, más conectadas con lo vivo, más honestas con sus pulsos. Eso nos confronta. Nos mueve el tapete del humano racional, controlado, civilizado. Porque ser animal también es ser noble, directo, grandioso en su simplicidad.

No digo que todo se justifique. No digo que no haya trasfondos emocionales que mirar con lupa. Eso siempre es importante.

Pero también me pregunto: ¿y si estamos juzgando demasiado rápido una alternativa que solo está buscando otra forma de existir?

Tal vez el problema no es querer ser animal.

Tal vez el problema es que a los humanos nos cuesta aceptar que, en el fondo, nunca dejamos de serlo.

Y lo que más nos asusta no es que alguien quiera ser animal, sino que nosotros olvidamos cómo ser humanos sin domesticarnos.

 

Foto y texto: Coach de Consciencia Integral. Alma Nydia Ugalde. Contacto: @almanydiaugalde.