Disciplina, talento y carácter. La historia de Marcela Díaz demuestra que el deporte de alto rendimiento y la excelencia académica no están peleados. A sus 24 años, la seleccionada nacional de béisbol femenil ha representado a México en mundiales, ha ganado medallas internacionales y recientemente fue reconocida como la mejor catcher del cuadro ideal de América. Todo, mientras concluía la carrera de Ingeniería Biomédica.
En entrevista con Liderazgo y Estilo, la jugadora de la Selección Mexicana de Béisbol Femenil comparte su trayectoria, sus retos y el orgullo de haber defendido los colores del país y del Instituto Politécnico Nacional.
Nació en la Ciudad de México y creció en el Estado de México, en una familia joven que enfrentó grandes retos desde el inicio. Sus padres, Daniel Díaz y Lissette Alfaro, tuvieron que pausar sueños profesionales para asumir la responsabilidad de formar una familia.
“Siempre admiraré el valor que tuvieron. Renunciaron a muchas cosas para educarme y enseñarme a no dejar nada a medias”, afirma.
Criada en una familia joven que enfrentó grandes retos. Sus padres, que tuvieron que reorganizar sus proyectos personales para sacarla adelante, le inculcaron una regla clara: el deporte es reflejo de la escuela. Si bajaban las calificaciones, se acababa el béisbol. Esa fórmula marcó su carácter.

Comenzó a jugar béisbol a los cuatro años y medio. Era la única niña en el equipo. Desde entonces supo que el diamante sería parte esencial de su vida. Sus primeros referentes fueron los jugadores de los Diablos Rojos del México, a quienes veía en el entonces Foro Sol. En Grandes Ligas, la influencia vino por herencia familiar: los New York Mets.
Estudiar o jugar: el primer gran dilema
En la adolescencia llegó el primer choque entre sueños. Una maestra le planteó una pregunta directa: “¿Te vas a dedicar a esto?”. En aquel momento el béisbol femenil en México no tenía una estructura profesional sólida.
Marcela eligió no abandonar la escuela. Ingresó a Ingeniería Biomédica en el IPN, convencida de que el deporte debía ser reflejo del rendimiento académico.
La exigencia fue extrema: torneos nacionales, convocatorias a selección, exámenes extraordinarios y madrugadas interminables. Hubo fracasos —como perder una convocatoria por priorizar la escuela— y también lecciones de madurez.
“Aprendí que si iba a hacer ambas cosas, tenía que hacerlas bien”, reconoce.
La etapa universitaria fue una prueba de resistencia. Torneos nacionales, convocatorias, exámenes extraordinarios y madrugadas constantes. Viajaba a competencias y regresaba directo a presentar evaluaciones. Hubo tropiezos, como perder una convocatoria por priorizar la escuela, pero también aprendizajes que fortalecieron su madurez mental.
La perseverancia dio frutos. Marcela fue convocada a la Selección Mexicana de Béisbol Femenil y participó en torneos panamericanos y mundiales.
En un Panamericano en Venezuela debutó como catcher titular en el juego inaugural frente a República Dominicana. México ganó medalla de bronce. Posteriormente, el equipo consiguió un histórico cuarto lugar en el Mundial en Canadá.
Recientemente, la selección obtuvo medalla de plata en el Panamericano y ella fue reconocida como la mejor catcher del cuadro ideal de las Américas.
“Regresas con medalla, pero en casa sigues siendo hija, hermana y estudiante. Eso me ayudó a mantener los pies en la tierra”, dice entre risas.
Profesionalización y Liga Mexicana
El auge del béisbol en México, impulsado por el protagonismo internacional del país en torneos recientes, abrió la puerta a una nueva era: la creación de la Liga Mexicana de Softbol.
Marcela formó parte de ese momento histórico al integrarse a Olmecas de Tabasco. Por primera vez, el talento femenil encontraba una estructura profesional formal.
La experiencia no fue sencilla. Mientras disputaba la temporada, también defendía su proyecto de titulación. En una ocasión presentó su defensa en línea por la mañana y horas después estaba uniformada para jugar. Su promesa era clara: iría a un Mundial ya como ingeniera titulada.
Y cumplió.
Orgullo politécnico
Durante cuatro años representó al Instituto Politécnico Nacional en competencias universitarias, donde obtuvo medalla de bronce nacional. Defender los colores guinda y blanco significó para ella uno de los mayores orgullos deportivos.

Fue reconocida como alumna destacada por combinar alto rendimiento académico y deportivo. Profesores y compañeros no solo la apoyaron, sino que la impulsaron a compartir su experiencia como ejemplo de que sí es posible equilibrar ambas exigencias.
Presente y futuro
Hoy, además de continuar su carrera deportiva, trabaja en el sector salud, aplicando sus conocimientos en ingeniería biomédica. Su meta inmediata es mantenerse en la élite del béisbol continental y consolidar su lugar en futuras competencias internacionales.
Se sabe en la cúspide de su rendimiento físico y mental. No piensa detenerse.
Más allá de estadísticas y trofeos, su mensaje es claro: no es necesario sacrificar una pasión para alcanzar otra. La clave está en la organización, la disciplina y la convicción.

Si tiene que elegir a su mayor inspiración, no menciona a una leyenda del diamante. Nombra a su madre. La mujer que la impulsó, la corrigió y le enseñó que los sueños se trabajan todos los días.
Marcela Díaz no solo atrapa lanzamientos detrás del plato. Atrapa oportunidades, desafíos y responsabilidades. Desde el laboratorio y desde el diamante, construye un legado para las niñas que hoy la ven jugar y entienden que el “sí se puede” no es un eslogan: es una decisión diaria.
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