En México, donde los saberes ancestrales suelen quedar atrapados entre la nostalgia, el folclor y la tradición, la grana cochinilla emerge como un conocimiento vivo, vigente y profundamente contemporáneo. Esa convicción guió durante más de seis décadas el trabajo de Catalina Yolanda López Márquez, artista e investigadora oaxaqueña reconocida con el Premio Nacional de Artes y Literatura 2025, el máximo galardón cultural otorgado por el Estado de México.

El premio, concedido en la categoría de Artes y Tradiciones Populares, reconoce una trayectoria dedicada al rescate, cultivo y difusión de este insecto del nopal del que se obtiene el rojo carmín, uno de los pigmentos naturales más importantes en la historia cultural del país.
Más allá de una distinción individual, el reconocimiento abre una conversación urgente sobre la preservación de los saberes comunitarios como una forma de futuro.
El pigmento que definió una identidad cultural
Mucho antes de convertirse en un producto codiciado en Europa, la grana cochinilla ya era fundamental en Mesoamérica. Desde tiempos prehispánicos, este tinte natural se utilizó en textiles, códices y expresiones rituales que definieron la identidad visual de diversas culturas originarias.
Durante la Colonia, su valor fue tal que llegó a ser uno de los principales productos de exportación de la Nueva España, solo por debajo de la plata.

Sin embargo, con la llegada de los colorantes sintéticos y la industrialización, el conocimiento sobre su cultivo y uso comenzó a desaparecer. La producción masiva relegó estos procesos a lo artesanal, despojándolos de su dimensión científica, ecológica y simbólica. Frente a ese contexto, la labor de Catalina Yolanda López Márquez se ha convertido en una forma de resistencia cultural.
Originaria de Oaxaca, la investigadora ha dedicado su vida a estudiar, cultivar y aprovechar la grana cochinilla fina del nopal. Su enfoque integra conocimiento tradicional, investigación científica y una profunda vocación pedagógica, demostrando que estos saberes no pertenecen al pasado, sino que pueden dialogar con las necesidades contemporáneas de sostenibilidad y producción responsable.Investigación, educación y territorio.

El trabajo de Yolanda López va mucho más allá de la producción del pigmento. A través de talleres, actividades comunitarias y procesos educativos, ha transmitido este conocimiento a niños, jóvenes, artesanos y estudiantes interesados en comprender no sólo cómo se obtiene el color, sino qué implica en términos culturales, ecológicos y sociales.
Textiles, cosméticos, alimentos y obras artísticas forman parte de un universo cromático que conectan tradición y contemporaneidad. En un momento en el que diseñadores y creadores buscan alternativas sostenibles frente a la industria química, el uso de pigmentos naturales vuelve a cobrar relevancia.
Uno de los proyectos más significativos de su trayectoria es el Museo Ecológico de la Grana Cochinilla Nocheztlicalli, también conocido como Museo Vivo de la Grana Cochinilla, ubicado en Santa Lucía del Camino, Oaxaca, Fundado junto con Claudia y Sergio Juárez, este espacio funciona como un centro de divulgación donde se explican los procesos históricos, biológicos y artísticos relacionados con este tinte natural.
Lejos de la lógica del museo tradicional, se trata de un espacio activo que recibe visitantes nacionales e internacionales y se sostiene a través de recorridos educativos. Desde ahí, la grana cochinilla deja de ser una curiosidad del pasado para reafirmarse como un conocimiento vigente, profundamente ligado al territorio y a la comunidad.Un reconocimiento que trasciende lo individual.
Mantener vivo este legado no ha sido sencillo
López Márquez ha señalado en distintas ocasiones las dificultades que implica el cultivo del nopal y la crianza del insecto: los altos costos de producción, la falta de apoyos institucionales y el cuidado especializado que requiere un proceso completamente natural. Aún así, el interés por este pigmento ancestral sigue creciendo dentro y fuera de México.

Actualmente, la investigadora trabaja en la renovación de su huerto de nopal sin agroquímicos, considerado la primera reserva ecológica de este tipo en el país. Con el apoyo de sus hijos, ha consolidado un proyecto familiar que abarca desde la siembra y recolección hasta la capacitación de nuevas generaciones interesadas en continuar con esta tradición.
Antes del Premio Nacional de Artes y Literatura 2025, Yolanda ya había sido reconocida con el Premio Nacional a las Mujeres Mexicanas Inventoras e Innovadoras y el nombramiento como Tesoro Humano Vivo, distinciones que subrayan el valor de su contribución en un país donde las mujeres portadoras de saberes tradicionales han sido históricamente invisibilizadas.
El reconocimiento no sólo celebra una trayectoria ejemplar: también coloca en el centro la urgencia de proteger los conocimientos comunitarios frente al despojo, la apropiación cultural y el olvido institucional. En el rojo profundo de la grana cochinilla vive una memoria colectiva que Yolanda López Márquez ha defendido con rigor, sensibilidad y convicción.
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