Muchas mujeres millennials han retrasado la maternidad buscando estabilidad laboral y económica. Sin embargo, cuando deciden tener hijos, enfrentan nuevos desafíos:
- Conciliación laboral.
- Falta de redes de apoyo.
- Costos elevados de crianza.
Aunque las empresas ofrecen beneficios para la fertilidad, el verdadero reto comienza después del nacimiento del bebé, donde la falta de apoyo se hace evidente.
Cada vez más mujeres posponen la maternidad hasta los 30 años o más. En muchos casos, esto no se debe a una falta de deseo de tener hijos, sino a la necesidad de alcanzar seguridad económica antes de asumir la responsabilidad de criarlos.
Datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades especifican que la edad promedio del primer parto ha aumentado a los 27 años, tendencia que sigue en ascenso.
Los factores que llevan a los millennials a esta decisión incluyen el alto costo de vida, la necesidad de estabilidad en el empleo y la falta de redes de apoyo.
En sociedades donde la crianza de los hijos recae mayormente en las mujeres, muchas sienten que no pueden permitirse un hijo sin antes asegurar su futuro profesional.
Además, el aumento en las oportunidades educativas y laborales para las mujeres ha influido en la postergación de la maternidad, permitiendo que desarrollen carreras antes de formar una familia.
No obstante, esta decisión trae consigo otros desafíos. A medida que las mujeres envejecen, pueden enfrentar dificultades para concebir.
Aunque existen tratamientos de fertilidad, estos son costosos y no siempre garantizan resultados. Por otro lado, cuando finalmente tienen hijos, muchas descubren que la conciliación entre la vida laboral y familiar es más complicada de lo que esperaban.
Dificultades en la conciliación laboral y familiar
El sueño de «tenerlo todo» —una carrera exitosa y una familia— choca con la realidad de los horarios de trabajo exigentes y la falta de apoyo en el lugar de trabajo. Muchas mujeres millennials que han alcanzado estabilidad profesional antes de ser madres descubren que el regreso al trabajo después de la maternidad no es sencillo.
Ppr ejemplo, algunas profesionistas, como Viviana, quien dejó su trabajo en la industria farmacéutica tras mudarse a Nueva York con su hija, deciden pausar sus carreras para priorizar la crianza. Otras, como Anastasia Dedik, una músico profesional, vuelven al trabajo poco después del parto, sacrificando aspectos importantes de la maternidad, como la lactancia.
La presión social y laboral también juega un papel importante. Muchas mujeres temen que tomarse una baja prolongada afecte su crecimiento profesional.
Según una encuesta de Gallup, el 59% de las mujeres millennials rechazaría un ascenso si este implicara trabajar 60 horas a la semana, una elección que muchos hombres no consideran. Además, los empleadores no siempre brindan facilidades para las madres recientes, como horarios flexibles, licencias de maternidad extendidas o guarderías subvencionadas.
En algunos casos, las mujeres terminan sintiéndose culpables por no poder desempeñar ambos roles de manera eficiente. La falta de redes de apoyo, como familiares cercanos que puedan ayudar con el cuidado de los niños, también complica la situación, especialmente en ciudades con un alto costo de vida donde pagar por cuidado infantil es una carga financiera importante.
La falta de apoyo tras el nacimientoformar una familia. Las dificultades para conciliar trabajo y crianza reflejan una falta de apoyo estructural. Mientras no haya cambios en la cultura laboral y las políticas de conciliación, las madres seguirán enfrentando estos desafíos.
Información de
Business Insider/Los ‘millennials’ esperaron para tener hijos y ahora se encuentran con un obstáculo inesperado.
Harvard/Researchers Prove C-Suite Gender Gap—but Can’t Explain It.
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