Tras el reciente triunfo de la tabasqueña Fátima Bosch en Miss Universo, la socióloga Teresa Rodríguez de la Vega recordó un momento importante en la historia del feminismo.
“Allá por septiembre de 1968 –en el icónico 68 a escala internacional–”, un grupo de mujeres feministas se dio cita en el concurso de Miss América, celebrado en Atlantic City, para colocar lo que denominaron “el basurero de la libertad“.
En un cesto de basura, las mujeres, arrojaron los objetos que consideraban instrumentos de la opresión patriarcal, entre los que destacaban brasieres, rizadores de pestañas, máquinas depiladoras, cera depiladora y revistas de mujeres, recordó en una entrevista para Astillero Informa.
Ese fue el primer momento en que el feminismo interpeló críticamente a los concursos de belleza, denunciándolos como un instrumento muy eficaz de propaganda patriarcal y, por lo tanto, de pedagogía misógina y de opresión“. Ante las presiones del movimiento feminista, este tipo de concursos comenzaron a intentar dar una respuesta.
Particularmente, desde los años 90, «se ha estado promoviendo la opinión política de la Miss» como una manera de decir: “‘Les festejamos que sean capaces de formular una opinión política’”.
Sin embargo, “festejar la opinión política de una concursante, en realidad es validar el mecanismo que dice que […] las mujeres son consideradas, simple y llanamente, animales de exhibición a lo que se les hace la concesión de: ‘Mira qué chistoso que este animal de exhibición opine de política’. Es casi como tan atípico, es lo que resalta y creo que es profundamente insultante para el lugar en donde está el movimiento feminista en la fecha”, apuntó.
La socióloga expresó que los certámenes de belleza reproducen “violencias simbólicas que se materializan en el cuerpo de nuestras niñas”. En concreto, toman la forma de “desórdenes alimenticios, o bien, se manifiestan en la psique de nuestras jóvenes, en criterios muy estrictos y horribles de autopercepción“.
Este tema ha sido muy estudiado, sostuvo, que “las mujeres tenemos una mirada de nosotras mismas absolutamente filtrada por estos estereotipos opresivos de belleza que nos resultan completamente ofensivos y limitantes a la hora de tejer una bonita relación con nosotras mismas y nuestros cuerpos”.
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