Por Nora Taboada

Para millones de personas, el espacio donde transcurre la mayor parte de su vida adulta es en el trabajo, sin embargo, cuando la dinámica de poder con tu jefe o jefa se distorsiona, el lugar de trabajo puede transformarse en una fuente de estrés crónico.

La presencia de un liderazgo negativo, comúnmente denominado «jefe tóxico», no sólo afecta la salud mental del colaborador, sino que representa un lastre financiero y operativo para las organizaciones.

La toxicidad en el mando no es una percepción subjetiva, sino un fenómeno medible con consecuencias económicas directas. Según el estudio «Culture 500» realizado por el MIT Sloan Management Review, una cultura laboral tóxica es la razón principal por la cual los empleados abandonan sus puestos, siendo 10.4 veces más determinante que el salario para predecir la rotación de personal.

En el contexto regional, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que el agotamiento profesional o burnout, frecuentemente derivado de liderazgos deficientes, genera una pérdida anual de 1 billón de dólares en productividad a nivel global. En México, la NOM-035 de la Secretaría del Trabajo busca precisamente identificar y prevenir estos factores de riesgo psicosocial que emanan de relaciones laborales abusivas.

Para abordar el problema, primero es necesario diagnosticarlo, ya que un jefe tóxico se manifiesta a través de conductas recurrentes:

  • Microgestión excesiva: La falta de confianza que asfixia la autonomía del colaborador.
  • Comunicación deficiente: El uso de la ambigüedad para mantener el control o el uso de lenguaje agresivo.
  • Falta de empatía: Ignorar las necesidades humanas y personales del equipo, priorizando únicamente métricas inalcanzables.
  • Apropiación de logros: Tomar el crédito por el trabajo ajeno y señalar culpables externos ante los errores propios.

Lidiar con esta figura requiere una combinación de inteligencia emocional y rigor administrativo. Por lo que se recomienda un enfoque proactivo basado en los siguientes cuatro puntos:

1. Establecimiento de límites y documentación

Es fundamental mantener un registro detallado de las interacciones, solicitudes y resultados. Documentar las instrucciones por correo electrónico no solo evita malentendidos, sino que sirve como respaldo ante posibles evaluaciones injustas. Los límites deben ser claros: aprender a decir «no» de manera profesional ante cargas de trabajo que exceden lo razonable es vital para preservar la salud mental.

2. El control de la respuesta emocional

Un jefe tóxico suele alimentarse de la reacción del subordinado. Mantener la calma y una postura neutral neutraliza la dinámica de poder basada en el miedo. La inteligencia emocional permite separar la identidad personal del desempeño laboral, evitando que las críticas destructivas afecten la autoestima.

3. Búsqueda de alianzas y red de apoyo

El aislamiento es la herramienta principal del abusador. Fomentar relaciones sanas con colegas y buscar mentores dentro o fuera de la organización proporciona una perspectiva objetiva de la situación y puede abrir puertas a nuevas oportunidades laborales.

4. Evaluación del retiro profesional

Existen casos donde la cultura organizacional protege al líder tóxico. “En esos casos, la estrategia más saludable es diseñar un plan de salida”, menciona la fundadora de AFE-Liderazgo Consciente.

De acuerdo con la firma de consultoría Gallup, el 75% de las personas que renuncian voluntariamente a sus empleos no lo hacen por el trabajo en sí, sino por su jefe directo.

La gestión de un jefe tóxico no debe recaer únicamente en el empleado; las empresas tienen la responsabilidad de implementar mecanismos de denuncia y capacitación en liderazgo. Sin embargo, mientras las estructuras cambian, tú como colaborador debes priorizar tu bienestar y profesionalismo para navegar en entornos hostiles sin comprometer tu integridad profesional.                                                   


Nora Taboada autora de Felicidad Activa y fundadora de AFE-Liderazgo Consciente.

Además es Executive Coach, Speaker, Consultora Organizacional, escritora, mamá y esposa mexicana. Su propósito es promover un liderazgo más consciente y humano que ayude a crear culturas de trabajo inclusivas, positivas y creativas que sirvan como pilar para construir un mundo sostenible.