“El amor romántico es una de las substancias más adictivas en la tierra”, Helen Elizabeth Fisher, antropóloga y bióloga estadounidense.


El amor, es uno de los aspectos fundamentales de la vida humana, hay música, escultura, pintura, cine, literatura, ¿quién no ha tenido que lidiar con esta química energizante en alguna etapa? Sin embargo, entender el amor romántico desde una perspectiva científica, revela que esta emoción es en realidad un impulso producto de sustancias químicas y estructuras específicas en el cerebro, una red cerebral primogénita que evolucionó para dirigir el apareamiento y la reproducción.

Helen Elizabeth Fisher, antropóloga y bióloga estadounidense, quien se ha especializado en la investigación del comportamiento humano en la Universidad Rutgers y ha estudiado el amor romántico (atracción interpersonal) desde un punto de vista científico durante más de 30 años, plasmó en el libro titulado ¿Por qué amamos? Naturaleza y química del amor romántico, los resultados de una investigación en cuarenta cerebros de hombres y mujeres enamorados, correspondidos y no, escaneó su cerebro cuando miraban una fotografía de sus amantes y otra neutral con una distracción de por medio.

Los resultados fueron: registro de actividad en muchas regiones del cerebro, la dopamina, norepinefrina, serotonina y oxitocina junto con la vasopresina fueron algunas de las sustancias implicadas, sustancias involucradas en lo que Helen Fisher llama los tres sistemas cerebrales del amor: el deseo sexual, el amor romántico y el apego profundo a una pareja.

En el libro destaca ¿cómo funciona? La lujuria o impulso sexual hace buscar entre toda una gama de parejas la unión con una sola; el amor romántico, permite enfocar la energía de apareamiento en un individuo a la vez, mientras que el apego a una pareja, facilita permanecer y criar a un niño en equipo.

Estos tres sistemas, no obstante, no siempre van unidos, explica: “puedes sentir un fuerte apego a una pareja de largo tiempo y sentir un intenso amor romántico por otra, mientras sientes deseo sexual por gente que no tiene que ver con estas parejas. En resumen, somos capaces de amar a más de una persona al mismo tiempo”.

Pero ¿cómo afecta la medicación antidepresiva  a las personas que toman en exceso algún medicamento de este tipo? Por su relevancia se abrió un capítulo para destacar la importancia de reevaluar la medicación antidepresiva a largo plazo, advierte Fisher, ya que la función de los antidepresivos es elevar los niveles de serotonina, sustancia que suprime a la dopamina, asociada con el amor romántico y que diluyen el deseo sexual, si desaparece éste y en consecuencia el orgasmo, el flujo de sustancias asociadas al apego no sucederá.

Es decir, explica en el libro, el “hecho de elevar la actividad de la serotonina artificialmente puede poner en peligro nuestra capacidad de enamorarnos… Los niveles de serotonina elevados artificialmente podrían comprometer nuestra capacidad de evaluar a los pretendientes, elegir a las parejas adecuadas y también la de establecer y mantener relaciones estables”.

La autora, también menciona que si las personas están medicadas podrían no tener interés sexual y por lo tanto no podrían desencadenar el romance e iniciar relaciones.

Este texto editado por Taurus, aborda otros temas relacionados con el deseo, romance y apego, como por qué amamos y la evolución del amor romántico. Habla también del amor perdido, rechazo, desesperación y furia, de cómo controlar la pasión y cómo conseguir que el amor dure.

Este trabajo de Helen Elizabeth Fisher ha tratado de responder a la pregunta que como ella, alguna vez también se cuestionó Shakespeare “¿Qué es el amor?”