Hay tantas definiciones de Liderazgo como libros escritos sobre el tema. Y seguramente, un número similar de interpretaciones de cómo ser un buen líder. Y a pesar de ello, seguimos teniendo un problema endémico de liderazgo, no solo a nivel social, sino en las empresas y en las familias.

Liderazgo es una palabra que se refiere a las personas, al impacto que tenemos sobre otros. El éxito de un Líder no puede por tanto derivarse solo del logro de un objetivo o un número, sino que tiene que ver con el grado de desarrollo de su equipo, su clima y la calidad de sus vínculos internos.

Ya comentaba en mi anterior artículo que yo entiendo al Líder como un jardinero; su brillo proviene del jardín que nos muestra. No busca ni pretende un lucimiento personal, ni mucho menos a costa de presentar un jardín mediocre y feo.

Es cierto que para conseguir dar luz a otros, se requiere algún brillo personal, pero eso solo no basta. Es esencial saber cómo usarlo. De aquí derivan dos preguntas esenciales que todo líder debe hacerse:

  • ¿Para qué quiero ser líder?
  • ¿Desde dónde quiero liderar a otros?

Hoy nos podemos encontrar con dos tipos de líderes:

  • Los que quieren ser reconocidos como tales. Esa es su obsesión y su objetivo. Buscan modelar a los demás a su imagen y semejanza. Buscan que los demás se parezcan a ellos.
  • Los que quieren impulsar a los demás para que crezcan y se desarrollen. Buscan que los demás se modelen a sí mismos. Buscan que los demás se parezcan a la mejor versión posible de sí mismos.

Por consiguiente, hay dos formas de usar la luz de un líder, dos formas de explotar sus posibles cualidades personales a la hora de ponerlas al servicio del liderazgo:

  • Los primeros buscan deslumbrar, ponen la luz hacia fuera, lo que puede generar un efecto inmediato de seducción y admiración, pero pasajero. Cuando deslumbramos a alguien el resultado es su ceguera. Por tanto, una vez ciego, nos aseguramos de que nos necesite para avanzar.
  • Los segundos, ponen la luz hacia dentro de sí mismos, buscando mejorar permanentemente. El resultado hacia fuera es que iluminan, aportan luz a los demás, visión, claridad y perspectiva, pero permitiendo que sean los otros los que encuentren el camino por sí mismos.

El primero construye seguidores ciegos, aduladores, admiradores, seres dependientes de él, que es lo que realmente quiere, porque lidera desde el Ego, y busca su propio brillo personal. Las personas realmente le importan poco.

El segundo construye líderes, seres autónomos, capaces de encontrar su propia luz, y hacer lo mismo por otros. Es un liderazgo basado en el Amor y el Servicio. Desarrollado desde la creencia de que la función del líder es ayudar al cambio colectivo a través de favorecer el desarrollo de otros, pero libremente escogido

Para ser un gran Líder, a veces hay que saber dejar de serlo. Nelson Mandela (Madiba)

Un buen jardinero, sabe cuáles son los abonos que van a ayudar a florecer el jardín. Un buen líder también lo sabe. Para generar ambientes expansivos, recuerdo de nuevo los cuatro abonos fundamentales del líder que busca alumbrar, desarrollar personas libres y autónomas, que nos aporten su 100% cada día:

Confianza, para no sentirnos amenazados por el error;

Curiosidad, para no dejar de hacernos nuevas preguntas que nos lleven a nuevas respuestas;

Ambición, para no dejar de tener nunca sueños que perseguir; y

Liviandad, para vivir y disfrutar el camino, sin dejar de gozar con lo que ya tenemos hoy.

Decía Erich Fromm:

Toda energía que no se dirige a construir, se dirige a destruir.

Ciertamente, no hay término medio, no hay energías neutras. Es el momento de elegir el tipo de líder que quiere ser. El mundo de hoy necesita con urgencia líderes con vocación de servicio, en cualquier ámbito: sociedad, empresas, familias, etc…

Cualquiera puede serlo, si trabaja primero consigo mismo. En consecuencia, usted…¿qué decide hacer hoya?

Rafael Calbet
Psicólogo, coach, escritor y conferencista
Autor de Maestros o Aprendices y de Creatividad para  vivir.

rafaelcalbet@hotmail.com