Soy de los que opinan que estamos viviendo un cambio de época, y no solo una época de cambios. Un cambio tan profundo como lo fue el Renacimiento para a Edad Media. Y, en perfecta coherencia con esa situación, muchos paradigmas de épocas ya pasadas dejan de ser útiles en estos nuevos tiempos.

Eso no significa que no haya personas, y empresarios, que se resisten al cambio y pretenden seguir viviendo con verdades ya obsoletas o miradas anticuadas de la realidad. Lo vemos todos los días en los techos de cristal, cuando no actitudes claramente sectarias, respecto de la plena integración de la mujer en el mundo laboral.

Y eso ocurre, entre otras cosas, porque un poder que no tenemos es el de cambiar al otro. Es por eso que todos los modelos anteriores que identifican la tarea del líder con el cambiar primero a los demás, han fracasado. Como también lo han hecho todas las teorías que identifican el liderazgo como una cualidad genética.

Hoy el liderazgo empieza por la transformación de uno mismo. Por eso el auténtico Líder se va haciendo cada día, porque es alguien que se mira y ve lo que puede aprender, no lo que debe ocultar. No teme aceptar sus carencias, porque es el camino para mejorarlas. Hacia los demás, se convierte en un servidor, facilitador, influenciador, etc… pero el cambio lo hacen las personas y nadie puede imponerlo, y menos aún, pensar que eso le hace líder.

Hoy entendemos al líder como un jardinero:

  • Su valor proviene del jardín que muestra.
  • Abona y genera un terreno fértil y cada uno lo aprovecha como puede, sabe o quiere.

También como un director de orquesta:

  • El Líder sabe que él no produce sonido alguno, sino que su labor es coordinar los muy diferentes sonidos de cada miembro, para que el TODO suene armónico.

Claro que a un líder le pagan por obtener resultados, pero no de cualquier manera. Si no se centra en el desarrollo de las personas y equipos será un jefe, un gerente, un gestor. Y puede que sea hasta bueno, pero nunca será un líder.

El gerente se centra en explotar al máximo las habilidades y los conocimientos actuales de sus equipos. Un líder se centra en desarrollar habilidades nuevas en las personas para que logren cosas que jamás lograrán desde el ser que son hoy.

Para ello, sabe que debe desarrollar un ambiente y un clima donde florezcan las habilidades nuevas o desconocidas de sus equipos. Un ambiente de Confianza, Entusiasmo, Aprendizaje permanente y Ambición saludable de mejora cotidiana.

El líder del nuevo milenio sabe que lograr lo anterior es algo que no se va a hacer desde la mera autoridad, sino desde su propio desarrollo y transformación. El nuevo líder no es arrogante, sino humilde, porque sabe que el auténtico Liderazgo empieza siempre por liderarse a sí mismo.

rafaelcalbet@hotmail.com