Visualizar a las empresas periodísticas como parte de una industria cultural que transmite valores, ayuda a entender el impacto que genera la información que se transmite a la sociedad.

Entender, primero, que una noticia es parte de un largo proceso al igual que lo es una materia prima en una industria, entonces, las noticias y las noticias sobre negocios, tecnología, moda, salud, música, política, financiera, etc., son parte de una cadena de producción de noticias.

En este proceso están inmersos profesionales de la comunicación de masas y que no sólo están las imágenes que se transmiten por televisión o los audios que se escuchan en la radio o los textos publicados en la prensa y, ahora, en distintas plataformas de redes sociales con elementos de fotografía, video y audio; todos, son en consecuencia el mensajero.

La televisión, la radio, periódicos y revistas están bajo una tormenta porque las audiencias y los lectores modificaron sus hábitos y prefieren ver, escuchar y leer desde un dispositivo móvil a la hora que quieren.

Hay un cambio y una revolución, los diarios enfrentan crisis porque las personas ya no los compran, porque prefieren verlos desde su Smartphone, tableta o computadora; las estaciones de radio y de televisión se están reformando.

Grandes grupos de comunicación están despidiendo porque cada vez es más caro producir programas porque no hay patrocinadores, no hay publicidad y tampoco inversión gubernamental.

¿Los medios de comunicación en México son públicos o privados? Si son compañías privadas, trabajan con un bien público que es la información, pero también en los sexenios pasados habían anclado el pago de sus nóminas e ingresos al dinero del Estado, es decir, a la propaganda gubernamental que oscilaba en 9 mil millones de pesos por año y que con la 4T se recortó y oscila hoy en los tres mil millones de pesos.

Un boquete financiero para quienes se habían acostumbrado a vivir del gobierno pero a mantener sus empresas privadas.

Si son medios públicos, tienen un déficit presupuestario y con poca inversión con la que es casi imposible generar contenidos con valor para las nuevas audiencias.

En este nuevo rumbo, le ha pegado a toda la cadena de producción de la industria de las noticias y a sus proveedores y por supuesto a las agencias de relaciones públicas también, las cuales se acostumbraron —como si fueran los años ochentas— a que la información empresarial estaba más ligada a la publicidad que al interés público o a ser un coadyuvante de los medios noticiosos.

Los publirrelacionistas encontraron un nicho y lo es en el crecimiento de medios de comunicación para mandar boletines de prensa a diestra y siniestra sin rigor periodístico y sin información de valor cuyo interés es posicionar mensajes comerciales y, los editores, reporteros, directivos relajaron el contenido periodístico y permitieron manejar marcas y nombres, antes prohibidos, en los espacios noticiosos.

«Si me pagas publicidad para publicar tu excelente historia, bien, si no me pagas publicidad por tu excelente historia, de todas maneras la publicaré», escuché decir al periodista Vicente Leñero y, allí, radica el nuevo rumbo de las relaciones públicas y de los medios noticiosos: regresemos a las buenas prácticas del contenido con valor.

Si me pagas publicidad para publicar tu excelente historia, bien, si no me pagas publicidad por tu excelente historia, de todas maneras la publicaré

 

Quizá la reducción de los recursos públicos a los medios no esté mal, lo que sí, es que nuestra economía esté estancada pues es casi imposible sustituir ese dinero con anunciantes privados y regresar a las buenas prácticas de la comunicación, pero ese es otro rollo, que abundaré en mi siguiente entrega: De la comunicación de masas a experiencias de usuario / II