Por: Laura Sendín Emiliano, colaboradora de Te Queremos Escuchar.

Queremos cambiar de trabajo sin renunciar a lo que ya sabemos. Nos da miedo no saber hacerlo, quedar en ridículo ante los demás. Queremos cambiar de forma de vida, y sin embargo nuestras acciones siempre son las mismas. Queremos cambiar, pero claro, estamos demasiado cómodos desde nuestro sofá llamado “zona de confort” esperando ese cambio, que las cosas cambien por arte de magia, y casualmente, ese cambio nunca llega. Los cambios nos provocan inseguridad, pero en eso radica el sentido de la vida. Si fuera fácil, todo el mundo lo haría, ¡y qué aburrido sería!

El cambio es un compromiso, y este no sólo se mide por lo que estás dispuesto a hacer para que se produzca, sino en lo que estás dispuesto a soltar.

Hablamos de renuncia, de soltar para ganar, de marcharnos del lugar donde estamos hacia un lugar desconocido, hacerla de nómadas de la vida. Hablamos de perder. Cuando queremos cambiar hay que estar dispuesto a hacer este tipo de renuncias, y cuando no lo estamos queremos que ocurra un milagro que haga que las cosas cambien sin hacer nosotros nada. Todo cambio viene precedido de la incertidumbre, esa palabra que tan poco nos gusta. Si esperamos a estar 100% seguros de esa decisión, nunca la tomaremos.

Somos animales de costumbres y normalmente respondemos de la misma manera a los estímulos que se nos presentan. Pero aquí viene la buena noticia: tenemos capacidad para reaccionar de modo distinto al que solemos actuar.

No existe esa fórmula mágica sin incorporar la palabra renuncia. Basta con aprender a perder, y esto llega a través de la práctica. Aprender nos incomoda, ya que nos obliga a estar en territorio desconocido, y eso nos hace sentir vulnerables.

“Es que yo soy así”, “es que siempre lo he hecho así” … Pobre es que, siempre le toca a él. ¿Qué hacer en ese caso? Empecemos por reflexionar y ver hasta qué punto esa creencia nos define como personas y nuestro sistema de valores.

Hagamos un ejercicio de introspección, hagámonos responsables de los resultados de nuestra vida. Éstos, nos hablan de nuestras prioridades, a lo que le hemos dado más importancia. Si queremos resultados distintos, esas prioridades probablemente tendrán que ser otras, y para poder hacer ese cambio, no nos vamos a poder escapar de soltar. Al principio nos puede parecer incómodo, pero sin duda, con nuestro esfuerzo y actitud, poco a poco lograremos sentirnos cómodos y confortables.

Pregúntate pues: ¿Qué estás dispuesto a soltar? Si tu respuesta es todo, ¡bien! Tarde o temprano, al final lo conseguirás.

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