Me resulta impactante la manera en la que han cambiado las cosas para el ser humano, la evolución es innegable, pero ¿qué pasa si hay cambios que nos llevan para el lado opuesto del desarrollo?

Día con día observo situaciones en las cuales considero que vamos para atrás como personas y como sociedad. Simplemente hay que salir a la calle, caminando, en bici, en transporte o en automóvil para darnos cuenta que hay cosas que cada vez funcionan más en contra de nosotros mismos.

La mayoría de las personas caminando inmersos en su celular, encorvados, sin ver al frente, hipnotizados incluso en el coche en cada alto, manejando, sin hacer más que verlo y verlo todo el día. Incluso atendiendo en un negocio de comida o de ropa, el empleado está en su celular.

Las personas pasándose el alto del semáforo, pasándose por debajo de los puentes peatonales, conduciendo bicicleta, moto, coche o camión en sentido contrario en las calles marcadas, incluso en los estacionamientos, tirando basura.

Por si fuera poco, los padres dando a sus hijos todo lo que piden, trabajando horas extras, trabajando desde sus celulares todo el tiempo, aún cuando ya salieron de su horario laboral, publicando en Internet cada instante de momentos que consideran importantes, comprando y gastando todo el dinero sin ahorrar y para rematar siendo partícipes de la corrupción cada vez que se puede.

Pero, ¿qué factores estarán influyendo en esto? Me parece que uno de los más importantes es la cultura de la inmediatez, claro ya sea todo por no esperar.

La necesidad de aprovechar el tiempo y las responsabilidades, nos obligan a querer hacer y tener con rapidez para así, según nosotros, “poder tener todo lo que siempre quisimos y ser felices”.

La parte del conflicto es cuando esta necesidad, se convierte en prisa, impaciencia y falta de interés por las ganancias a largo plazo.

Entonces, empieza todo a distorsionarse y ya no se puede esperar, la espera es tortuosa. No puedes esperar a llegar a un lugar para revisar tu celular, no puedes esperar y guardar tu basura para tirarla en donde va, no puedes esperar hasta llegar a la calle con el sentido correcto para dar vuelta, no puedes tolerar la frustración de tu hijo (a) o sus berrinches para educarlo y darle más herramientas para cuando crezca, no asumes tus consecuencias si te equivocas.

¡No, lo importante se ha convertido en estar presentes y pendientes de qué pasa a través del teléfono celular, por eso la prisa de que el niño o niña se calle, no tener basura en la mano, llegar lo antes posible, es no esforzarse más allá de la satisfacción inmediata.

La realidad es que, ante esta manera de vivir, ignoramos nuestro entorno cercano, por ejemplo, se nos van detalles del camino a recorrer, el paseo, la reflexión, el cuestionamiento, estar en el aquí y ahora, el presente, esperar para disfrutar el logro y no una voracidad por pasar a lo que sigue.

¿Cómo vamos a disfrutar algo si estamos fuera de lo que está realmente pasando en el momento? Las personas están ausentes, nada de lo que pasa ante sus ojos pueden mirarlo y esto es una metáfora de lo que seguramente está pasando en sus vidas.

Sin mencionar, que la cultura de la inmediatez genera estrés y ansiedad, falta de tolerancia a la frustración y una incapacidad terrible para planear y prever cosas, es como estar en piloto automático. La espera se volvió algo negativo, cuando en realidad las cosas van a seguir yendo a su ritmo y el ser humano necesita del tiempo y la espera para procesar y valorar lo que se construye poco a poco, es decir, para ser feliz.

Los invito a pensar en qué tan conectados están con ustedes mismos y qué tan contagiados están de la inmediatez.


Tania padilla Mallen

www.quieroconocerme.com

Centro de análisis psicológico