La celebración del Día del Niño, y en particular del de las niñas que forjarán su futuro muy próximamente, hace imprescindible revisar las formas, concepciones y criterios que crean de y para sí mismas, así como, las de aquellos que estamos a su alrededor. Una tarea poco sencilla, cuando las estructuras de pensamiento, en muchos casos, son rígidas en cuanto a la definición de los límites de acción y de roles entre niñas y niños. Si queremos empoderar a las mujeres del mañana debemos hacerlo desde la infancia.

Valentía ante perfección

Reshma Saujani, escritora y fundadora de Girls Who Code, nos ofrece una descripción puntual de cómo a las niñas se les enseña a evitar riesgos y fracasos, a sonreír de manera bonita, a jugar seguro y sacar excelentes notas, educamos a nuestras niñas para ser perfectas. Los niños, por otro lado, se les enseña a jugar rudo, columpiarse alto, gatear hasta la cima del pasamanos y después saltar de cabeza. A nuestros niños se les educa para ser valientes.

El mensaje común que absorbemos desde pequeños, y replicamos conforme crecemos, según la autora Caroline Paul, es que las niñas son más frágiles y necesitan más ayuda, en tanto que los niños pueden y deben dominar las tareas difíciles por sí mismos, en otras palabras, las niñas deben tener miedo y los niños deben ser valientes.

Sin embargo, a esta temprana edad, las niñas y los niños son muy parecidos físicamente. De hecho, las niñas son a menudo más fuertes hasta la pubertad, y más maduras, pero los adultos actuamos como si las niñas fueran más frágiles y necesitaran más ayuda, y no pudieran arreglárselas.

¿Qué hay de malo?

El miedo es la reacción primaria que se enseña y promueve en las niñas cada vez que se enfrentan a algo fuera de su zona de confort. Estamos educándolas para ser tímidas, incluso impotentes. El miedo que nos enseñan y las experiencias que no tenemos se quedan con nosotras mientras crecemos y nos transforman en esas cosas que enfrentamos y repelemos: nuestra vacilación al hablar, nuestra deferencia a fin de gustarle a los demás y nuestra falta de confianza en nuestras decisiones.

Por ejemplo, los hombres para cuando ya son adultos, ya sea que estén negociando un aumento o pidiendo a alguien una cita, están acostumbrados a asumir riesgo tras riesgo. Un reporte de HP encontró que los hombres solicitan un empleo si cuentan con sólo un 60% de las cualificaciones, pero las mujeres, lo solicitan sólo si reúnen el 100%. Es clara la desventaja.

¿Cómo volverlas valientes?

La valentía se aprende, y como todo lo aprendido, sólo se necesita practicar. Caroline Paul, ofrece algunos consejos para conseguirlo:

1.- Animemos a nuestras niñas al juego arriesgado, es decir, a montar en patineta, a trepar árboles, a subir a la cima del pasamanos. El juego arriesgado es muy importante para todos los niños, porque enseña a evaluar el peligro, la gratificación retrasada, la resiliencia, enseña a confiar en sí mismos. Cuando los niños salen a practicar la valentía, aprenden valiosas lecciones de vida.

2.-  Debemos dejar de alertar a las niñas sólo porque sí. Así que  la próxima vez que digan, “cuidado, te vas a lastimar”, o, “no hagas eso, es peligroso”, recuerden que a menudo lo que realmente le están diciendo es que ella no debería esforzarse, que en realidad, no es lo suficientemente buena, que ella debe tener miedo.

3.- Las mujeres tenemos que empezar a practicar la valentía. No podemos enseñarle a nuestras niñas si no lo aprendemos nosotras mismas. Además, hay otra cosa, el miedo y la emoción se sienten de forma parecida: manos temblorosas, ritmo cardíaco elevado, tensión nerviosa; quizá la última vez que pensaron que estaban asustadísimas, en su mayoría, sintieron euforia y se perdieron una oportunidad. Es necesario practicar.

Cuando enseñamos a las niñas a ser valientes, ellas pueden crear cosas increíbles, y es importante hacerlo desde la escuela y al principio de sus carreras, cuando hay un mayor potencial de impactar sus vidas y las vidas de otros. Demostrémosles que las vamos a amar y a aceptar no por ser perfectas sino por ser valientes.