Aún en la actualidad, es muy común escuchar comentarios como: ¿Ir a terapia? ¡Ni que estuviera loco! ¡Para qué ir si yo puedo solo! ¡No voy a ir a contar mis intimidades a un desconocido! ¿En qué me puede ayudar?

Parece que aún en este año 2017 se piensa en la terapia psicológica como un espacio inútil, que está fuera de las necesidades de la mayoría de las personas, pero no es así.

He observado que esto ha ocurrido desde hace muchos años, de generación en generación, ¿por qué se le da poca importancia al estado mental y emocional de las personas, si es lo que nos rige en el día a día? Creo que en general no alcanzamos a entender que nuestras emociones y nuestra psicología nos controlan, dominan y dirigen nuestras vidas.

Estamos educados para lograr metas claras como terminar la escuela, tener una carrera, una pareja, hijos, una casa, un buen trabajo, pero en realidad nadie nos enseña sobre la salud mental, no existe la meta de hablar lo que sentimos, de ser tolerantes, darle un lugar a lo que sentimos, escuchar o de conocernos a nosotros mismos.

Ni los padres, ni las madres, ni los hijos e hijas ubican en general, estos temas como la base de todas las demás metas a cumplir.

Lo impactante es que se reconoce como sociedad y como familia el estado emocional y psicológico de la persona como importante, sólo cuando pasa alguna tragedia, cuando hay un asesinato, un suicidio, una muerte, un divorcio, una pelea, golpes, sólo hasta que la situación es insostenible; antes de todo esto, no existe. Es como si en el día a día, las emociones y los sentimientos o algún problema neuronal no fueran reales; “me siento mal pero no es nada”,”se ve raro, pero quién sabe” en muchos casos ni siquiera se reconocen por su nombre: enojo, tristeza, sentimiento de pérdida, angustia, ansiedad, miedo, soledad, no se nombran.

Desafortunadamente todavía estamos en el punto en el que la sociedad y la familia aplauden únicamente las emociones catalogadas como “positivas”, es decir: felicidad, tranquilidad, amor, etcétera. Como si las demás fueran negativas, cuando en realidad son parte del ser humano y ambas emociones están presentes todo el tiempo. Pareciera que asistir a psicoterapia es aún un símbolo de todo lo que no queremos ver, de lo que se quiere negar, pero que siempre está ahí.

¡Anímate a cambiar tu vida!

Mtra. Tania Padilla Mallen

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