Todos hemos escuchado la frase: “no hay peor ciego que el que no quiere ver” y por más difícil que resulte creerlo conscientemente, esta es una de las bases de la conducta del ser humano.

Porque las personas estamos hechas para enfrentar el grado de realidad que podemos tolerar, no más, al pasar este límite, se activarán mecanismos que harán lo posible para evitarnos la tortuosa calamidad de aceptar lo que en realidad está sucediendo, perderemos objetividad y nos guiaremos más por lo que quisiéramos que fuera, que por lo que es.

Lo que es un hecho, es que a mayor negación, mayor posibilidad tenemos de equivocarnos, de repetir errores y de dejar correr una situación que no nos gusta y también, de no arreglar
o cambiar algo que podría tener solución, la negación nos hace ciegos.
Es decir, que la negación nos hace sentir que no habrá otra persona en el mundo con quien compartirlo como pareja, que no hay forma de cambiar de trabajo, que hay que aguantar la manera de ser de nuestros seres queridos porque así son, sólo que cada vez es más difícil encontrar una justificación a su comportamiento.

La negación hace que dejemos de ayudar a ese hijo o hija que nos necesita como guías y que necesita de nuestra ayuda, nos hace continuar en
una relación amorosa que no funciona, quedarnos callados cuando algo que nos desagrada está pasando, hace que minimicemos los conflictos para después estar hartos de todo y queramos terminar los vínculos aparentemente, de un día para el otro.

La negación hace que se sienta una sensación terrible de que no existe ninguna otra opción, nuestra perspectiva se reduce y el problema se vuelve peor.

Así que, en la realidad y a largo plazo, ¿será mejor la negación que la realidad?.
Anímate a conocer la realidad y a llevar a cabo y no en la fantasía, cambios que te harán
sentir mejor y con mayor control de tu propia vida.


Directora del Centro de Análisis Psicológico
Tel. Consultorio 54402821