En mi experiencia, observando con lupa la relación entre padres e hijos, me he percatado de cómo hoy en día los padres y las madres asumen su paternidad. Cada vez con más frecuencia, me encuentro con padres desinteresados en negociar, poner límites, escuchar y guiar, es decir, en educar.

Ahora, aunque los padres y las madres parecen más presentes, existe otro impedimento, el valor de la atención genuina y la estructura infalible de la impartición de límites. Todo esto nublado por múltiples actividades de la vida diaria, la economía y las redes sociales, es decir el celular.

Me da la impresión que el día de hoy, bajo la excusa de ser padres relajados y joviales se está cayendo en un abandono disfrazado ¿podría ser flojera a tener que enfrentar una y otra vez la resistencia de los niños por cumplir sus obligaciones?

Es una realidad difícil de enfrentar después de terminar la jornada de trabajo, lidiar con el tráfico y los conflictos diarios para llegar a casa a: supervisar tareas, lavarse los dientes, preparar comida, establecer límites con respecto a los aparatos eléctricos, dormirse temprano, etcétera, etcétera,  una y otra vez diario y muchas veces al día. Sin embargo, es ese el trabajo de los padres. La idea es traer personas al mundo como reflejo del amor de la pareja para educarlos, guiarlos y enseñarles lo que les hace bien y lo que no, así como su lugar como parte de una sociedad que necesita de estructura para convivir sanamente entre todos.

Por ejemplo: un padre le pregunta a su hijo (a) de 6 años— ¿qué quieres de comer?

La niña (o) responde— Papas, hamburguesa, unas alitas y refresco. El padre contesta— sí, lo que quieras—.

Les pregunto a ustedes lectores, ¿es esta una pregunta que deba responder un niño que está guiado por el placer y que no conoce las consecuencias a largo plazo de muchas de sus decisiones?

¿Realmente es eso lo mejor para los niños (as) o es nuestra responsabilidad guiar y enseñar que eso no es bueno para la salud?

Me he encontrado con padres y madres que con tal de no discutir y no enfrentar el problema de la educación, prefieren dejar pasar este tipo de detalles que “parecieran insignificantes”, pero que en realidad serán la base de la estructura elemental de ese niño o niña.

¿Qué tan consciente se tiene hoy en día que todo lo que no se enseña a ese niño,(a) después será muy complicado que lo entienda? Será que como se dice allá afuera, por eso estamos como estamos.

Lo que es un hecho es que uno de los graves problemas de este país es la falta de educación en todos los sentidos ¿por qué seguimos sin comprender que en realidad, el cambio de quienes somos como país, empieza en estos detalles?

Mtra. Tania Padilla Mallen

Psicoterapeuta psicoanalítica

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