Victorina López Hilario, de 42 años de edad, quien recibió el Premio Nacional de Ciencias y Arte 2015 en la categoría de artes y tradiciones, narra la importancia y labor de su trabajo.


Las prendas que reflejan la historia y la identidad de nuestro país fortalecen al sector textil artesanal mexicano y a la economía de 70% de las mujeres que forman parte de los 10 millones de personas que se dedican como profesión al trabajo artesanal en México, de acuerdo con datos del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías, Fonart.

Una moda que nace de las prendas mexicanas artesanales es el huipil en telar de cintura con hilo de algodón coyuchi o industrial y una digna representante de este trabajo es la tejedora Victorina López Hilario, de 42 años de edad, quien ha sido reconocida por su trabajo con el Premio Nacional de Ciencias y Arte 2015 en la categoría de artes y tradiciones.

También obtuvo el primer lugar en el premio nacional de arte popular de Fonart en la modalidad de textil 1995 y participó en el primer encuentro Latinoamericano del Tejido Artesanal en Argentina.

El trabajo que realiza tarda de tres a seis meses, por eso las amuzgas de la comunidad de Piedra Pesada, lugar al que pertenece exponen el valor de su trabajo, surgido de la imaginación y del esfuerzo, que enfrenta regateos a la hora de venderlo.

En este municipio de la costa chica del estado, las mujeres visten esos huipiles hechos por ellas mismas en telar de cintura, porque desde pequeñas los elaboran, y es su traje típico que ha cruzado fronteras.

Victorina López Hilario, indígena amuzga, ocupa el patio de su casa, en el poblado de Piedra Pesada, como zona de producción con ocho artesanas que forman la Asociación Flor de Canazuchil, en donde cada una lleva a cabo diferentes tareas.

Las artesanas se reúnen de las 10:00 a las 15:00 horas para tejer y elaborar huipiles, blusas, manteles, bolsas y rebosos. Empiezan a formar las prendas con la cosecha del algodón, lo limpian, y lo abaten (golpean) para formar el hilo, que luego es hervido en agua caliente con cáscaras de corteza de árboles que le dan el color y luego lo exponen hasta secarse.

Posteriormente lo enredan para formar una urdimbre, que es cuando está listo para empezar a tejer, el proceso del bordado en el tradicional telar de cintura.

Ahora son pocas las niñas o adolescentes que se ven tejiendo en el telar de cintura, pues ya no se les exige cumplir con ese deber, van perdiendo la tradición cuando antes, a la edad de siete años, ya empezaban hilvanar.

El algodón que utiliza Victorina para elaborar sus prendas, es el que fue sembrado en agosto del año pasado y cortado en diciembre. Es algodón nuevo. La maestra en el tejido, enreda el hilo en un delgado ganchillo de madera y lo gira apoyada en una jícara para que sea más rápido. Platica que lo más difícil para ellas es vender su artesanía. A veces las personas no lo compra porque la consideran cara y cuando hacen entregas de mercancía como huipiles, bolsas, blusas o manteles, se los pagan en dos o hasta en tres plazos o tardan.

Un huipil tiene un precio de hasta de seis mil pesos, dependiendo del hilo, los puntos, el brocado o figuras que el cliente quiere.

Pero también hay huipiles de 2 mil 800, 2 mil 500, mil 200, mil 800 o hasta de 600 y blusas de 400 dependiendo del dibujo y el material que lleva como el hilo y el tiempo de elaboración de tres a seis meses.

“Vendemos una vez cada dos meses una pieza porque un huipil o una blusa no se puede hacer en un mes, depende si es de 400 pesos, se hacen hasta cuatro blusas y a veces a los seis meses se vende una pieza”, explica.

En cuanto al proceso para teñir los hilos dura hasta cuatro días. Ella combina el castellano con la lengua amuzga, porque pregunta a sus compañeras el nombre de algunas plantas o cáscaras de corteza de árboles para obtener los colores naturales y lo repite en español. Para teñir los hilos usan corteza del árbol de nanche que da el color café, y de la cáscara del árbol que conocen como murillo obtienen el café oxidado.

Victorina mencionó el árbol que le llaman “palo de sangre” y su corteza al momento de hervir da el agua color rojo. Aseguró que todo los colores que utilizan para teñir los hilos son naturales y extraídos de las cortezas de árboles, ramas, hojas, flores que dan desde un amarillo, el rojo o hasta café.

Por eso Victorina, mientras se cerciora que el hilo está seco, nos dice que quiere que la gente conozca y entienda como trabajan las mujeres amuzgas el telar de cintura y todo el proceso que tiene que realizar de más de cuatro a seis meses para tejer un huipil o una blusa.

Por el momento, sus diseños de huipil, blusa, reboso, bolsa y mantel los venden en la Ciudad de México, con el apoyo de una profesora de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Cada mujer amuzga utiliza su imaginación para hacer los dibujos en los huipiles, blusas, bolsas, reboso o mantel o también de acuerdo con el pedido del cliente.

Con información de Notimex.